¿SE PUEDE INTERACTUAR CON LOS VOLCANES PARA
DISMINUIR SUS EFECTOS DESTRUCTIVOS EN ESTOS TIEMPOS DE CAMBIO?
Hace unos 10 años participé de un hermoso viaje de conexión con el volcán Etna de Italia. Diversos mensajes de origen extraterrestre nos había conducido a Sicilia para trabajar con el centro telúrico de la Isla. La experiencia la publiqué en 2002 en mi segundo libro “ El Legado Cósmico”. A la vista de los acontecimientos actuales, comparto aquí una síntesis de tan importante enseñanza.
Ricardo González
LA INVITACIÓN AL ETNA
Corría el mes de marzo. El vuelo 108 de Delta Air Lines estaba a punto de aterrizar en el aeropuerto Barajas de Madrid. Mientras algunos de los pasajeros terminaban de asegurarse a regañadientes sus cinturones, mi mente se perdía dentro de sus propios pensamientos. Aún me resultaba increíble ver cómo se estaban dando las condiciones para llevar a cabo este nuevo viaje al Paititi. Pero antes, tenía una invitación pendiente para visitar el Etna. Hacía tan sólo unas semanas que fui sorprendido por un mensaje de Alcir, a través de un sueño muy especial y vívido, donde se me invitaba al volcán más importante y, también, más activo de Europa: El Etna. Al no tener mayor elemento de comprobación, no me tomé muy en serio la experiencia, a pesar de la propia contundencia de las imágenes y palabras del Maestro intraterrestre.
Un inesperado mensaje de los grupos de Valencia, recién llegado a mi casilla de correo electrónico, me causaría una gran sorpresa, cual balde de agua fría. En él, Maribel García me comentaba que en su grupo de trabajo recibieron una comunicación de los Guías extraterrestres, donde hablaban del Etna y, por si esto fuera poco, me habían visualizado durante la práctica de recepción trabajando con ellos en el volcán...
Así, de Madrid tomé un vuelo a Valencia, donde me recibiría la misma Maribel y Carlos Berga, quienes son grandes amigos y compañeros en el contacto. Ya por la noche, conocería a los otros miembros del grupo: José y Coral, un joven matrimonio comprometido con el mensaje.
A diferencia de otros países, como lo hemos visto en Argentina, México, Chile, incluso en Perú ¾donde existe una especial apertura para dialogar el mensaje y presencia del contacto extraterrestre¾, parece que los periodistas españoles dedicados a la difusión de estos temas ¾afortunadamente no todos¾, están más cargados de mala fe que de intenciones sinceras de aclarar la real naturaleza del fenómeno OVNI, ya que cada artículo o investigación que aparece en algunas publicaciones del medio, se dedican no sólo a cuestionar de manera destructiva a aquellas personas que afirman tener contacto, sino que pareciera existir, además, una sombría competencia, muy disimulada por cierto, entre los mismos investigadores que muchas veces escriben paradójicamente para una misma publicación. A pesar de ello, y del ambiente contradictorio que amenaza con confundir el trasfondo y real mensaje de la experiencia de contacto, hubo una muy buena respuesta en la gente que participó de las conferencias que ofrecí en Valencia, llegando público interesado, incluso de diversas regiones del país; muchas de ellas motivadas por las entrevistas que me hicieran en programas de TV y radio, en especial, el conocido “Espacio en Blanco”, programa radial que es llevado en Madrid por el incansable investigador —y posiblemente uno de los más respetados difusores de estos temas en España— Miguel Blanco.
No obstante, mi visita a España no estaba centrada únicamente a difundir la existencia y mensaje de la Hermandad Blanca, como lo hemos venido haciendo en otros puntos del mundo; esta vez, la Península Ibérica sería el punto de partida para encaminarnos hacia el Etna, como ya lo dije anteriormente, el volcán más importante y activo de Europa.
EL MONTE DE LOS MONTES

Frente al Mar Jonio, entre Taormina y Catania, se levanta majestuosamente uno de los mayores volcanes de la Tierra, y sin duda, el más alto de Europa.
El volcán Etna tiene una altura de 3.340 metros, y ocupa un perímetro de 300 kilómetros. Su nombre nace del griego “Aitné”, pero realmente se le llamaba en la antigüedad Mongibello, que significa “El Monte de los Montes”. Lugar de importante actividad OVNI, y mudo testigo de las experiencias de contacto que afirmaron vivir allí el contactado italiano Eugenio Siragusa (1) y, posteriormente, el estigmatizado Giorgio Bongiovanni, el Etna fue también escenario de los increíbles relatos de Homero, quien narró el enfrentamiento de Ulises contra una raza de gigantescos Cíclopes.

Arriba: Eugenio Siragusa y una representación de “Adoniesis”, la entidad con la que supuestamente contactaba.
Hefaistos —o Vulcano—, dios del fuego, tenía su fragua en las profundidades del Etna, que en muchas ocasiones estalló violentamente para mostrar su poder. Algunas de estas espectaculares erupciones, tuvieron consecuencias desastrosas en el pasado, afectando al Observatorio Etneo, Mascali —en el litoral jónico—, y en una oportunidad la ciudad de Catania.
Según lo que investigamos, el Etna parecía ser un centro de energía de marcada importancia para Europa, y sentimos de inmediato que esta era una de las razones de viajar hasta allí. A todo esto, los mensajes de los Hermanos Mayores nos fueron precisando los pasos que daríamos en esta nueva aventura.
Pero no sólo a través de las comunicaciones recibimos importante información que nos sería de gran ayuda para el viaje; aquí debo mencionar que un grupo de amigos de Valencia —que conocían la Misión por la amistad que hicieron con Carlos y Maribel— decidieron reunirse para meditar y hacer una proyección mental al volcán, logrando con ello una efectiva aproximación a lo que sería más tarde nuestro periplo por la montaña. Fue así que visualizaron al grupo trabajando frente a las carpas de excursión, una energía que envolvía el lugar, y la presencia de grutas y cavernas. Al visualizar el Etna, lo vieron como una montaña alta y negra, y que estaba “viva”...
Durante los trabajos que realizamos, Carlos y Coral recibieron como fecha de partida el 17 de marzo, y que el día 19 estaríamos ya en el volcán.
Luego de analizar rigurosamente el contenido de los mensajes, y de contrastar las experiencias que habíamos tenido, nos aprestamos a realizar el viaje.
Un hecho realmente curioso, es que los días de permiso que el trabajo podía otorgarle a Carlos —quien, precisamente, tenía la gran responsabilidad de estar frente al volante del vehículo que nos llevaría a Italia— coincidían misteriosamente con las fechas recibidas para efectuar el viaje. Desde un inicio, sentimos cómo aquellas “circunstancias mágicas” empezaban a plasmar el escenario donde se llevaría a cabo el trabajo, del cual sólo sabíamos que, al enlazar energéticamente el volcán con el Paititi, activaríamos el Etna como un foco de irradiación para Europa y el mundo, además de recibir información sobre el lugar en sí. Habría que esperar.
Así, en la madrugada del día 17 —cerca de la 1a.m.— salimos en la camioneta 4x4 de Carlos. El entusiasmo se respiraba al interior del vehículo, y una buena parte del trayecto lo transcurrimos entre bromas y anécdotas.
La luz del día nos tomó en la autopista que va de Barcelona a Francia, donde llegamos alrededor de las 6 a.m. Entonces nos detuvimos en una gasolinera, ya que necesitábamos retirar dinero de un cajero automático. Y aquí nos llegó la primera prueba: el cajero, sin que lo pudiésemos explicar, se tragó la tarjeta de crédito... Ello nos preocupó, porque de esta forma solventaríamos los gastos del viaje. Entonces, no nos quedó más alternativa que esperar a que abrieran el Banco —dos horas más tarde— y para colmo de males, la señorita que atendía el turno nos dijo que no era posible recuperar la tarjeta, porque ésta se hallaba en una caja sellada dentro del mismo cajero, y que sería enviada en unos días al Banco que la emitió en España...
El efectivo que traíamos con nosotros no era suficiente para cubrir el viaje, pero, afortunadamente, aún nos quedaba una alternativa, y esta era —paradójicamente— otra tarjeta de crédito... Estaba claro que ni siquiera lo intentaríamos en el cajero automático, porque al parecer, el problema se suscitó por un error en el lector de la banda magnética de la tarjeta. Decidimos entonces pagar el próximo peaje con la nueva tarjeta, para comprobar su correcto funcionamiento y así probar con otro cajero automático. Segunda prueba: el lector magnético del peaje no reconocía la otra tarjeta de crédito que presentamos...
Carlos se mostraba confundido, y no era para menos, aún más teniendo en cuenta que en los anteriores viajes que el grupo había realizado —incluso a Francia— no tuvieron ningún problema con las tarjetas. Salimos del apuro pagando en efectivo, y convenimos en realizar un intento adicional, por cuanto sentíamos que todo esto era una prueba a nuestra determinación por cumplir con el viaje. Así llegamos a la ciudad de Perpignan, donde ubicamos un Banco —anecdóticamente, el mismo del cajero automático— para intentar retirar el dinero. En esta ocasión, todo fue distinto.
Para nuestro alivio, la señorita que nos atendió en el Banco hablaba español —hasta ese instante, Coral y Maribel, que ponían en práctica sus conocimientos del francés, habían sido las valientes intérpretes del grupo— y ello nos facilitó los trámites. No tuvimos mayor problema para retirar el dinero que necesitábamos de la tarjeta, y así continuar sin riesgos económicos el viaje a Italia.
Cuando ya nos encontrábamos en la autopista rumbo a Marsella, dimos un respiro de tranquilidad. En la experiencia de contacto habíamos aprendido que todo cuanto nos ocurre encierra una enseñanza y significado, y este incidente nos hizo reflexionar sobre la importancia del viaje y de nuestra determinación frente a él.
Transcurrieron las horas. De vez en cuando nos deteníamos en los centros de abastecimiento para llenar el tanque de combustible. Ya habíamos dejado Mónaco a nuestras espaldas, y de un momento a otro ya nos encontrábamos en Génova. Aquí debo mencionar que la resistencia física —y también mental por cierto— de nuestro piloto, Carlos Berga, dejó impresionado a todo el grupo. Y es que, desde que salimos de Valencia, no paramos hasta llegar a Roma, alrededor de la 8:00 p.m. del mismo día 17.
Durante todo el viaje nos sentimos “acompañados”. Percibíamos con claridad una fuerte energía que nos abrazaba; se trataba de la amorosa cercanía de los Guías y Maestros que dejaban sentirse, una y otra vez, con increíble intensidad.
Reflexionando en ello nos acostamos en un hotel en las afueras de Roma, sabiendo que al día siguiente proseguiríamos el viaje hacia la isla de Sicilia, donde, cual gigantesco guardián, se alza la soberbia silueta del Etna.
LOS OVNIS Y LA ENERGÍA TELURICA
Cerca de las 7:00 p.m., nos hallábamos cruzando el estrecho de Messina, que separa “la punta de la bota” italiana —donde se halla el puerto de Reggio de Calabria— de la isla Siciliana. Estábamos a bordo de un ferry, embarcación que lleva en su bodega automóviles, trailers, y hasta trenes, que siguen su ruta hacia las principales ciudades de la isla, como Messina, Palermo, Catania y Siracusa. Una vez en Messina, decidimos acercarnos a la ciudad de Catania, que se hallaba bastante cerca del volcán.
En el camino, comentábamos la curiosa relación que guardan los avistamientos OVNI en lugares que presentan clara actividad telúrica. Y es que, para muchos investigadores, la actividad OVNI en zonas geográficas donde se hallan volcanes, es un misterio que ha desatado las más diversas teorías e interpretaciones.
De seguro, la más aceptada, es que los presuntos tripulantes de estos objetos luminosos avistados en la zona, estudian el comportamiento de los volcanes, o, a decir de otros, “alimentan” sus astronaves con la fuerza telúrica de los mismos. Al margen de ello, nosotros creemos que los “enclaves telúricos” funcionan como puntos de encuentro con estos seres, que en muchas ocasiones han intervenido —dentro de sus posibilidades, desde luego— en las violentas erupciones volcánicas, disminuyendo sus efectos destructivos y por consecuencia, poniendo a salvo, muchas veces, la vida de miles de personas. Por ejemplo, era bien conocido por nosotros que los Guías extraterrestres habían anunciado en las comunicaciones, que ayudarían a que los volcanes de Ecuador no ocasionasen una catástrofe como muchos ya preveían. Y, para sorpresa de todos, se observaron extrañas luces en los volcanes Guagua Pichincha y Tungurahua, donde, incluso, se llegó a filmar uno de estos OVNIs que interactuaba con el volcán, dejando a un lado las conocidas interpretaciones de “fenómenos geológicos lumínicos”... Las imágenes fueron transmitidas por un importante canal de TV de Quito. Todo esto nos hacía recordar los conocidos puntos de contacto y su relación con lo telúrico, como Marcahuasi en Perú; el Monte Shasta en EE.UU; el volcán Thunupa en el Titicaca, entre otros.
EL MÁGICO VOLCÁN
El día 19 de marzo nos dirigimos hacia el volcán, fecha que habíamos recibido durante nuestras meditaciones para conectar con el lugar y armonizarnos. Era impresionante comprobar que, sin que nosotros presionáramos las cosas, todo lo anunciado por los mensajes se cumplía, incluso lo de las fechas, lo cual tenía por cierto un significado.
El 19 era la fiesta de San José —padre adoptivo de Jesús—, y en España, precisamente en Valencia, se desarrollaba una fiesta donde se quemaban unos gigantescos muñecos de cera y cartón —algunos llegaban a ser tan altos como un edificio de siete pisos—, y de todos ellos, se escogía uno por su belleza y arte, siendo éste liberado de perecer en el fuego al igual que los otros muñecos. Al margen de lo anecdótico, veíamos en esto un símbolo de renovación, lo cual, definitivamente, era el sentido e incluso el origen de esta actividad celebrada en Valencia que acapara la atención internacional. El 19 de marzo, sería también —por si fuera poco—, la verdadera fecha en que nació Jesús (2), hecho que nos invitó a reflexionar un poco más sobre la vinculación de un “nacimiento” con la “renovación” que estábamos esperando para la Misión en España y Europa. Realmente sugestivo.
Subimos el volcán por una carretera sinuosa, sintiendo cómo cada tramo que cubríamos, se nos aceleraba el corazón por un incomprensible entusiasmo. Hacía frío. Según el indicador de temperatura del automóvil, estábamos a 4 grados bajo cero. Y eran las 2:00 p.m.
Mientras íbamos ganando altura, la neblina, que hasta ese momento no era muy densa, se incrementó a tal punto que ni las potentes luces de la camioneta —que se emplean para estas ocasiones— nos permitían mayor visibilidad; tan solo 5 ó 7 metros adelante. Y no exagero.
Luego de una curva detuvimos el automóvil. Allí sentimos hacer una meditación, por cuanto la presencia de los Guías, era más que impresionante...
—No, debe ser un mentalismo lo que he recibido —intervino de pronto Maribel en medio del trabajo.
—¿A qué te refieres? —consultamos.
—Es que, durante la meditación, los Guías me mostraron el camino libre de neblina, y los rayos del Sol alumbrándolo todo...
Debo confesar que más de uno de nosotros se extrañó, mientras Maribel entre risas y bromas nos insistía: “Pero muchachos, eso fue lo que visualicé”. Empero, sabíamos que a estas alturas cualquier cosa podría suceder. Al voltear la siguiente curva, la neblina empezó a desaparecer, hasta no quedar rastro alguno de la misma. Por si esto fuera poco, se nos mostraba un bellísimo cielo azul, y los potentes rayos del Sol iluminando el parabrisas de la camioneta, así como nuestros rostros demudados.
—Maribel, ¡Qué impresionante! —le decíamos todos a coro.
—¡Dios mío!, pero esto es exactamente lo que vi...
Al subir un poco más, llegamos a una estación de informes, casi en la misma cumbre del Etna, donde funciona un teleférico para mostrar a los turistas la boca principal del volcán. Sin embargo, en ese momento no sabíamos a dónde dirigirnos, por cuanto sentíamos que debíamos estar solos y el lugar estaba abarrotado de visitantes. Vimos entonces algunos caminos que partían de la estación, y todos rodeaban el volcán, descendiendo a las ciudades vecinas. ¿Cómo elegir el lugar correcto? La respuesta la proporcionó Carlos, quien en el trabajo había recibido el nombre “Nicolosi”, que incluso apuntó en su cuaderno de notas. Guiados por la intuición, tomamos, de todos los caminos que salían de la estación turística, aquel que tenía por destino Nicolosi. Y no nos equivocamos.
A los pocos minutos sentimos detener la camioneta, y a un lado de la carretera, había un paso entre las escarpadas laderas del volcán. Maribel, José y yo, realizamos una inspección del sector, que se mostraba solitario y muy cerca a la boca principal del Etna. Todos percibimos que era el lugar. El único problema que nos quedaba, era no alertar a los vigilantes de la estación, porque los campamentos en el volcán están prohibidos. Así, luego de ocultar la camioneta en una hondonada a un lado del camino, uno por uno —para no despertar sospechas— fuimos encaminándonos al punto elegido.
Maribel y yo llegamos primero, y nos propusimos levantar una de las tiendas de campaña para avanzar con la instalación del campamento. Hacía mucho frío —ya estaba atardeciendo— y el viento era fortísimo. Nuestros gruesos abrigos no nos sirvieron de mucho, y tuvimos que esperar a que llegase todo el grupo para poder instalar las tiendas. He de confesar también, que nunca en mi vida había sufrido tanto en armar una tienda de campaña. Los dedos ni los sentíamos.
A pesar de ello —y hasta ahora no entiendo cómo— realizamos nuestras prácticas de vocalización, relajación y meditación una vez instalados. Ya era de noche y el cielo mostraba una luna brillantísima, adornada de numerosas estrellas que titilaban sobre nosotros como mudos testigos de nuestro trabajo.
Realmente nos compenetramos con el volcán, como si fuese un ente “vivo”. Detrás de una loma, a espaldas de nuestro campamento, podía verse con claridad la columna humeante de la boca principal del Etna. Además —y sin lugar a dudas lo más extraordinario—, durante los trabajos escuchamos, más de una vez, el impresionante crujir del volcán... Era tan impresionante, que con el grupo nos bromeábamos: “Oye, si el volcán erupciona ahora mismo: ¿En qué dirección saldrías corriendo?”
Luego de nuestras prácticas ingresamos a las tiendas, alrededor de la medianoche. Nos dispusimos a descansar reflexionando en lo duro que había sido adaptarse al clima. El frío, era desgarrador, y ni la deliciosa sopa caliente de nuestro “cocinero en jefe”, José, logró calentarnos por mucho tiempo.
Al acostarme dentro de la bolsa de dormir, pensaba en los Guías y el esfuerzo que estábamos haciendo al estar allí. Mentalmente les decía: “Si esto es tan importante, quiero saber que ustedes nos están apoyando...” Con este pensamiento, luego de muchos intentos, logré conciliar el sueño.
UN ENCUENTRO INSÓLITO
La sorpresa la daría Carlos. Por la noche, en vista que la cremallera de su bolsa de dormir se estropeó, nuestro amigo se vio obligado a dirigirse a la camioneta para intentar descansar en ella. Eran aproximadamente las 3:00 a.m. y mientras caminaba con la linterna en medio de la noche, sintió con fuerza una presencia ¾supuso de inmediato que se trataba de los Guías¾, a tal punto, que experimentó una sensación de temor al estar solo en medio de esta situación.
Carlos nos contaba que una vez dentro de la camioneta, exigió a los Hermanos Mayores —a voz en cuello— un avistamiento como confirmación del trabajo que estábamos haciendo en el Etna y, también, la respuesta definitiva sobre el aval que él necesitaba para confirmar su definitiva participación en el nuevo viaje a Paititi. Durante el viaje Carlos meditaba profundamente en ello y creyó oportuna esta circunstancia para salir de dudas...
—¡Y apareció la nave! —nos narraba con alegría—. Era un gran lucero, blanco y brillante, una luz como pocas veces he observado. Apareció de pronto, moviéndose a gran velocidad, horizontalmente, hasta “desaparecer” en el aire, como si hubiese atravesado una puerta. No hubo ruido alguno y la luz era intensísima. ¡Eran ellos! También lo sentíamos nosotros. Además, Carlos no tenía conocimiento de lo que estaba pensando antes de acostarme. Realmente estaban allí, observándonos. Contentos, levantamos muy temprano el campamento, y seguimos el camino rumbo a Nicolosi, llegando a las faldas del Etna, donde encontramos un parque de camping. Decidimos entonces hacer allí nuestro “cuartel general”. Allí meditamos y planeamos el trabajo que realizaríamos por la noche. Luego, con la camioneta regresamos al volcán para ubicar el lugar donde sentíamos, se concretaría el trabajo. Personalmente, intuía que debíamos estar cerca al desierto de lava, ya que la energía telúrica almacenada creaba el marco propicio para nuestras prácticas y, ¿por qué no?, dadas las condiciones energéticas, para el acercamiento de los Maestros o de los Hermanos Mayores. No lejos, encontramos —guiados totalmente por nuestra intuición— el desierto de lava, cuyo espectáculo visual recuerda las imágenes que la NASA ha divulgado sobre la superficie rocosa de Marte, aunque el color no era tan rojizo, sino un gris oscuro y, por algunos sectores, plateado. Muy cerca, a un lado de la carretera, un camino se abría paso entre la nieve y el pasto, mostrando también, caprichosas figuras de roca, producto de los corrimientos de lava por aquella zona. El lugar era solitario, y se sentía con claridad la energía y presencia de la Hermandad Blanca. Acordamos entonces volver por la tarde, y sellar el trabajo en el Monte de los Montes.
Fue difícil encontrar nuevamente el lugar. La niebla no permitía diferenciar la zona que por la mañana habíamos hallado. Sin embargo, la “magia” no nos abandonaba: Una luz, al lado de la carretera, llamó la atención de Carlos, quien detuvo la camioneta para ver de qué se trataba. Maribel y José también la vieron, describiendo la luminosidad semejante a un “arco iris”. Sea lo que sea, lo cierto es que esto nos ayudó a encontrar el lugar, porque éste se hallaba precisamente donde se presentó el fenómeno. Muy extraño. A las 5:00 p.m. iniciamos nuestras prácticas en el conjunto rocoso de lava que habíamos observado durante nuestra exploración. Era curioso verificar que por acción de la lava al enfriarse, se habían formado pequeñas grutas y cavernas, tal como el grupo de Valencia las visualizó en sus meditaciones de proyección. Empezamos rodeando al grupo y el volcán en una cúpula protectora de energía, y luego continuamos con ejercicios de vocalización; primero con las palabras de poder conocidas (Rama, Amar, Om) y luego con nuestros nombres cósmicos, creando una vibración muy especial. Luego de llevar a cabo una profunda relajación, tal como lo sugerían las comunicaciones, nos proyectamos mentalmente al interior del volcán, sintiendo, con total claridad, que no éramos nosotros los que dirigíamos el trabajo, sino que “algo”, una “fuerza” o presencia poderosa, nos conducía como en un acto mágico a través de las entrañas de la Tierra. Era muy real.
Veíamos el centro ardiente del Etna, como si el magma formase un corazón, cual base de poder o vórtice de energía; y allí, varias siluetas humanoides, luminosas, como si estuviesen hechas del mismo magma, se acercaron a nosotros, rodeándonos y participando de la irradiación que hacíamos al centro mismo del volcán. Debo mencionar, que en este trabajo nos dejamos fluir, sin que nadie estuviese sugiriendo qué era lo que debíamos ver en el ejercicio de proyección mental. Y es que realmente estábamos allí. Todos, sin ponernos de acuerdo, nos enteraríamos más tarde que vivimos exactamente lo mismo...
En mi experiencia personal, accedí a diversas imágenes que correspondían al presunto pasado del volcán. Observé seres muy delgados, de aspecto humano, pero con brazos muy largos, vestidos con trajes plateados ceñidos al cuerpo y con unos cascos elípticos sobre las cabezas. Veía lo que parecían ser máquinas, o más bien, unas grandes esferas metálicas, apoyadas en un trípode, también metálico, y un tubo, a manera de una gruesa manguera, extraía minerales del volcán. Tuve la impresión que estos seres eran de procedencia extraterrestre, y que esto ocurrió hace mucho tiempo.
Sentí además, la evidente presencia de Alcir, y su inconfundible voz pidiéndome que prestase atención a todo lo que estaba observando.
Luego del trabajo, sin comentar nada, nos aprestamos a realizar un ayuno silente por una hora. Eran alrededor de las 7:00 p.m., y una fuerte neblina empezó a inundar toda la zona. Entonces, sugerí al grupo que no se alejase demasiado, y que sería yo quien les avisaría —haciendo señales con la potente linterna que llevaba— en qué momento terminaríamos con la práctica.
Caminé hacia un descampado muy grande. La nieve se acumulaba por sectores y por momentos no quedaba más alternativa que caminar sobre ella, lo cual era peligroso, por cuanto ésta disimulaba, muchas veces, algunos hoyos formados entre las rocas.
Mientras caminaba, sentí que “alguien” me seguía. Incluso me detuve hasta en dos ocasiones para ver si alguno de los muchachos del grupo venía en mi dirección. Pero no. Estaba totalmente solo, y definitivamente lejos de mis compañeros que habían tomado direcciones opuestas. Seguí caminando sin prestar atención, pero algo hizo que me distrajera nuevamente. Una pisadas, claras y acompasadas, se dejaron escuchar a mis espaldas. Sin embargo, al voltear no encontraría a nadie. ¿Será acaso algún roedor, caminando sobre la nieve? —me preguntaba—. No obstante el fenómeno se repetía una y otra vez, tanto así que me acostumbre al mismo. Era como un “juego”. En ese momento supe que realmente no estaba solo.
Entonces, frente a mí, observé una silueta humana, blanca y brillante, pero con una luz concentrada. Como esto ocurría en medio de la neblina, lo tomé con mucha calma, teniendo en cuenta que en estas condiciones podría confundir la vegetación del lugar con cualquier cosa. Decidí acercarme para verificar de qué se trataba, y entonces comprobé que había alguien realmente allí, observándome en silencio. Grande fue mi sorpresa al ver que aquella presencia, era una extraordinaria proyección holográfica de Alcir, quien llevaba una especie de toga, y el mismo sombrero alargado que pude observarle en el contacto físico de 1996.
—¿Dudabas que estaría aquí? —me habló el Maestro telepáticamente.
—¿Dónde estás realmente?
—En los retiros interiores del Paititi. Que no les sorprenda, porque continuamente los estamos observando y asistiendo. Conocemos sus inquietudes y necesidades, y siempre dentro de lo permitido estaremos cerca para apoyarlos en vuestro trabajo. Venir al Etna era más importante de lo que suponían. Al final del trabajo verán porqué...
—¿Qué significan las imágenes que observé en la proyección al Etna?
—Observaste el pasado. Hace miles de años, un grupo de científicos procedentes de Sirio, instalaron una base submarina en la isla —entendí que se refería al Mar Jonio— para observar el Etna. Luego trasladaron parte de su maquinaria al interior mismo del volcán (3), donde acondicionaron grandes galerías con su tecnología, incluso inmunes a las frecuentes erupciones. Luego se marcharon, y en estas mismas salas subterráneas los sobrevivientes de la Atlántida guardaron parte de su conocimiento, ya que en este lugar estaría seguro. Recuerden que vuestra misión es conectar con los depósitos de información que narran la verdadera historia de la humanidad ¾añadió¾, repartidos por todo el mundo. Hay lugares que aún los están aguardando. Tengan en cuenta además, que son el primer grupo de la Misión que llega bajo nuestra guía a este lugar, dada su importancia e influencia como centro de irradiación para Europa y el planeta. Luego de decirme esto, me entregó un mensaje para Carlos y el grupo, pidiéndome además que me preparara para afrontar la invitación que me hicieran los Guías en 1997, y que consistía en acompañarlos físicamente al interior de una de sus naves. Sabía que este nuevo encuentro cercano me llevaría por segunda ocasión ante Joaquín, quien se hallaba aguardando el momento para entregarnos un mensaje de marcada importancia, posiblemente luego que terminásemos todo aquello que aún nos deparaba Paititi...
Una vez que Alcir compartiera conmigo estos mensajes, su imagen holográfica se desvanecería entre la niebla. Al intentar retornar al punto de encuentro —donde avisaría al grupo que el trabajo había concluido— me percaté que me hallaba perdido... No encontraba la ruta de regreso por ningún lado, a pesar que escogí diversos puntos de referencia —cómo árboles y un cerro en forma de pirámide—, pero la niebla lo cubría todo. En medio de esta situación, pedí mentalmente al mismo Alcir, que me guiara sin peligro al punto de encuentro. Ni bien solicité esto, una luz se dirigió hacia mí... Era uno de los muchachos que, ayudado de una linterna, me mostraba el camino correcto. Inicialmente pensé que se podría tratar de José, quien se caracteriza por ser un ávido explorador, pero era Maribel quien me sacaba del aprieto. Luego ella nos comentaría que encendió la luz de su linterna por indicación mental de Alcir. ¡Era increíble!
Ayudados por las linternas, nos reunimos todos, era un ambiente de gran alegría. De inmediato, compartimos las vivencias de la proyección mental al Etna, comprobando que nuestras experiencias eran extraordinariamente similares. Entonces, Maribel nos comentó que Alcir, durante el trabajo, le había transmitido que se proyectaría desde Paititi y que entraría en contacto conmigo... Esto me llenó de gran emoción teniendo en cuenta que el grupo desconocía mi experiencia.
Incluso, ellos también habían visto siluetas blancas moverse entre la niebla, además de los pasos y de la fuerte presencia que se dejó sentir.
Entusiasmados, decidimos sellar el trabajo conectando el volcán con el poderoso Disco Solar del Paititi, a través de una cadena de irradiación planetaria. Visualizamos que el Disco era “sembrado” al interior del Etna, y tal como Maribel y otros miembros del grupo habían recibido, esto permitiría que, de haber una erupción, la energía telúrica sería transmutada en luz y conocimiento para Europa y el mundo, además de disminuir los efectos destructivos del volcán. En este sentido, Coral nos recordó que ni bien habíamos terminado el trabajo de proyección al interior del Etna, se escuchó un intenso crujir de la tierra, como si el volcán estuviese interactuando con nosotros. Carlos, por su parte, se hallaba más que ninguno del grupo identificado con el volcán. En los trabajos que realizamos le “pedía” que, de erupcionar, no ocasionase daños a la gente de Sicilia. Todo esto lo entenderíamos días después...
LA ENSEÑANZA DE GAIA
Nuestro retorno estuvo marcado por una gran armonía. Camino a España aprovechamos en visitar Roma y el Vaticano, y posteriormente el sur de Francia, donde se halla el castillo de Montsegur, último reducto de los Cátaros o Albigenses, enclave sagrado que el grupo de Valencia había visitado en diversas ocasiones a pedido propio de la Hermandad Blanca. Realmente, lo que sentí en aquel lugar era indescriptible. Estos hombres puros, víctimas de la Inquisición, vieron su obra puesta a salvo cuando cuatro de ellos escaparon del castillo —que se hallaba sitiado “en nombre de Cristo”— a través de las gargantas de la Frau, un abismo cortado a cuchillo que sólo puede ser vencido por un alma sabia y valiente. Los demás fueron quemados vivos. Era el miércoles 16 de marzo de 1244. Yo mismo viví una experiencia estremecedora cuando me hallaba explorando el lugar, fundiéndome con los verdes pastos y picos nevados que se alzaban como poderosos guardianes del olvido, cual vivo testimonio del legado cátaro que hasta hoy en día se respira sin dificultad. Estaba de pie en un prado donde, de súbito, una profunda tristeza me invadió, casi desgarradora, al punto que se humedecieron mis ojos mientras pensaba en el acto noble y espiritual de aquellos hombres y mujeres que sólo procuraron ser consecuentes con el mensaje de Cristo, a punto de dejar la vida en la hoguera, sin deponer un sólo centímetro su fe.
—Richard —me interrumpe Coral, quien me observaba atenta a la distancia—. ¿Sabes dónde estás parado? Te encuentras en el “Campo de los Quemados”. Allí dieron muerte a los Cátaros...
Muchos investigadores, afirman que el tesoro que portaban los cuatro revestidos era el Santo Grial, la mítica copa donde José de Arimatea recogió la sangre de Cristo en el momento cumbre de la crucifixión; y otros estudiosos defienden la teoría de un libro sagrado escrito por los hombres puros. Fuese lo que fuese, ¿dónde está el tesoro Cátaro? Según lo que recibimos en nuestros trabajos en el Etna, existe un retiro subterráneo de la Hermandad Blanca en los Pirineos, y uno de los accesos se hallaría en la caverna de Lombrives —a pocos kilómetros de Montsegur— que tiene unos ¡11.000 metros de penetración! ¿Fue así como “desaparecieron” los cuatro revestidos, poniendo a custodia de la Hermandad Blanca su más preciado tesoro? Sea en Lombrives, o en la enigmática montaña de Bugarach —donde Julio Verne se inspiró para su obra “Viaje al centro de la Tierra”— no me sorprendería este “ocultamiento de lo sagrado”, por cuanto un hecho similar se registró en el siglo XVI en el Perú, cuando se produjo el holocausto de los incas y los registros de información y el Disco Solar, fueron llevados al Paititi. Cuando llegamos a España el día 24, nos llevamos una gran sorpresa: La gente de los grupos estaba inquieta por nosotros ya que, en los noticiarios de TV, se transmitió una violenta erupción del Etna...
¡El volcán había hecho erupción!, y a pesar de lo violenta de la misma y de los ríos amenazadores de lava, no ocasionó daño alguno...
Entonces entendimos un poco más lo que habíamos realizado. ¿Sería posible? En vista de las circunstancias, consultamos a los Guías, y esta fue la respuesta:
“Saben que han cumplido con vuestra labor, que también estaba orientada a disminuir los efectos destructivos de una erupción que habíamos previsto. No se sorprendan de lo que pueden realizar, porque poseen la capacidad de revertir y cambiar las cosas, y ese es el mensaje que deben compartir...”
Releyendo los mensajes, y analizando fríamente el contenido de los mismos, comprobamos no sin cierto asombro que los Hermanos Mayores habían previsto la erupción del Etna, hasta el punto que las fechas sugeridas en las comunicaciones, encajaban notablemente con la pronta erupción del volcán, como esperando de nosotros poner en práctica todo lo aprendido para neutralizar un posible efecto destructivo y, por si ello fuera poco, transmutar la propia erupción en “energía de conocimiento”, liberando de esta forma tan increíble la sabiduría oculta de las entrañas del Monte de los Montes. Era una vivencia diferente, aún incomprensible por cierto, pero edificante y esperanzadora. Pudimos compenetrarnos con la fuerza de GAIA, la “Madre Tierra”, interactuar con ella y ayudarla en el proceso inevitable de transformación, donde cada uno de nosotros, es un humilde obrero a servicio del Plan Cósmico. De retorno a Lima, mientras observaba a través de la ventanilla del avión el hermoso cielo estrellado, reflexionaba en todo esto —por cuanto aún me era extraordinario aceptarlo—. Y faltando pocos minutos para aterrizar en el aeropuerto, una intensa luz naranja, que crecía y luego se concentraba en sí misma, se acercó al avión con una trayectoria errática, como si un niño estuviese dibujando con un lápiz de color el oscuro firmamento. Eran ellos. Y su presencia, como tantas veces, me llenó de una paz indescriptible y profunda…
(1) Siragusa fue el primero en afirmar haber tenido un contacto físico con Asthar Sheran, el 30 de abril de 1962 en uno de los cráteres apagados del Etna, en el monte Manfré.
(2) Hoy en día es bien sabido que Jesús no nació en diciembre. Para poner una fecha, se utilizó la fiesta pagana de Roma del Sol (que era efectuada precisamente el 25 de diciembre, ocasión en que se hacían regalos a los niños) ante la fusión del Imperio Romano con el Cristianismo.
(3) Curiosamente, la mitología griega nos cuenta que el “Taller de Hefaistos “ se hallaba inicialmente en el fondo del mar, y que luego la fragua del Dios del fuego fue establecida en el volcán Etna, donde había una raza de Cíclopes que fueron muertos por Apolo.
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