Conectando con el Real Tiempo del Universo
Fuerte, muy fuerte este viaje —reflexionaba en mis adentros, mientras llenaba la olla con el agua de una cascada cercana a El Domo—. Nos encontramos en el tercer día dentro de la Cueva de los Tayos: Lunes 12 de agosto. El grupo estaba entusiasmado; todo se estaba dando y bien sabíamos que lo más importante podría precipitarse esta última noche —aunque insisto, ésta era eterna allí— en el mundo subterráneo.
Para precisar nuestras conclusiones convenimos en hacer una consulta a los Guías extraterrestres. La respuesta llegó de inmediato:
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Pregunta: ¿Dónde y a qué hora será la próxima experiencia?
Ya conocen el lugar del trabajo (refiriéndose al Oratorio de los Caras); será allí donde vieron el tragaluz. Sobre el mismo se posará una de nuestras naves. La hora: 9:00 pm. Proyectaremos una columna invisible pero palpable de energía, que los envolverá y llevará a la Creación misma del Universo...
Pregunta: ¿Qué ocurrió ayer con aquellos seres?
Sabes quiénes son. Pero deberás aguardar el momento para revelar porqué hoy se muestran abiertamente a los grupos de contacto de la Misión. Estás preparado. Ya viste que cuando aquietas tus pensamientos y te dejas guiar todo fluye en perfecta armonía.
Ten presente que la impresión que tuviste con ellos no fue energética, como te ha sucedido las primeras veces con nosotros debido a las radiaciones que emiten nuestros cuerpos. Tu corazón los reconoció, inquietándose; y debes saber que ellos tuvieron la misma sensación al acercarse a ustedes. Son hermanos pero no están acostumbrados a verse, y menos a sentirse.
Muy pronto verás la importancia de este gran paso que están dando en representación de toda la humanidad.
(Antarel, 12 agosto 2002) |
Este mensaje puso las fichas sobre el tablero. No obstante ahora nos enfrentábamos ante una clara insinuación de los Guías para vivir una conexión cósmica con la “Creación del Universo”. Sabíamos que en aquel “momento” del “principio” no existía ni el tiempo ni el espacio, por tanto, era deducible a dónde querían “llevarnos”: Al Real Tiempo del Universo. Curiosamente, Rafael había recibido un mensaje en relación a la Cueva de los Tayos donde el mismo Antarel le diría: “Los esperamos en el tiempo sin tiempo”. Pero: ¿Qué relación existe entre la aparición de los Sunkies, los archivos de la Hermandad Blanca, la existencia de una presunta base de la Confederación próxima a la Cueva y el Tiempo Real? De hecho, teníamos que afrontar la invitación de los Guías para comprenderlo todo.
La invitación había llegado con fuerza, percibiendo todo el grupo los mismos detalles de lugar y hora; incluso los Guías le transmitieron a Daniel una imagen que mostraba a una nave colocándose sobre el Oratorio de los Caras —sin conocer él lo que se estaba psicografiando— y el grupo allí abajo, viviendo algo extraordinario. Ese día guardamos ayuno para estar preparados a las fuertes energías que depositarían en nosotros la semilla del Universo.
El Oratorio de los Caras, o “El Parto”, como también le conocemos, lucía sumamente intrigante. Se percibía una energía muy fuerte cayendo desde el pequeño tragaluz que podíamos distinguir. Eran las 9:00 pm. y sólo por la mañana esta estrecha abertura —gracias a los rayos del Sol— crea un efecto de luz cautivante al espectador.
No obstante, a pesar que allí arriba, en la superficie, no había Sol ni Luna, un sospechoso destello asomaba a través de este agujero que nos invitó a detenernos. Bajo esta tenue radiación formamos un círculo, sintiendo su atrapante influencia. Y es que lo espectacular no era aquel sutil destello, sino lo que se “sentía” bajo el mismo: Un verdadero campo de fuerza que iba más allá de todo lo que conocíamos. Es de notar que quienes encarábamos esta nueva experiencia ya habíamos enfrentado antes el traspaso Xendra, en diferentes ocasiones, pero nada se comparaba en intensidad con lo que ahora estábamos viviendo. La energía era tan fuerte, que más de uno pensó que se iba a desmayar, o sencillamente, a “desaparecer”. Y no exagero.
Empecé dirigiendo el trabajo, sin tener una idea exacta del “guión” a seguir. Sólo dejé que fluyera todo lo aprendido, envolviendo primero al grupo en luz, y elevando nuestra vibración a través de los mantrans Zin-Uru y Rahma mientras sentíamos y “veíamos” cómo todo cambiaba a nuestro alrededor, o, posiblemente, en nosotros.
De un momento a otro, impactantes imágenes del espacio, constelaciones, estrellas, planetas —muchos desconocidos—, iban desfilando en esta gran pantalla que no podría precisar si apareció allí o nosotros en ella; sólo puedo decir, al igual que mis compañeros del grupo, que “estábamos allí”, no viendo esto, sino “viviéndolo”. Mientras esto ocurría, sentimos que algo se sellaba en nosotros, una comprensión del inicio de TODO, una chispa que siempre estuvo dentro de nosotros y que en aquel instante se reveló.
Cuando empecé a redactar este informe, sabía de antemano que al llegar a la narración de esta experiencia, no encontraría las palabras adecuadas para describir con precisión lo que pasó; porque cualquier cosa que pudiésemos transmitir quienes estuvimos allí, siempre será poco. Todo el grupo —incluido el shuar que estuvo con nosotros— puede dar fe de ello. |
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Y debo decir que no fue tan fácil.
En el instante mismo de la conexión, una presencia se dejó sentir, un ser de naturaleza tenebrosa que intentaba distraernos del trabajo. Por alguna razón, este personaje se centró en tres de las personas del grupo: Rafael, Carina, y yo.
Mientras esto ocurría, percibía al mismo tiempo la compañía de Antarel, quien me decía —y luego me enteraría que hizo exactamente lo mismo con Rafael y Carina— que debía enfrentar esta presencia negativa, vencerla, y no perder la conexión con la fuerza que estaban emanando desde una de sus naves que se hallaba “estacionada” sobre el tragaluz. Así lo hice, enviando amor y luz a esta extraña entidad. Rafael y Carina la enfrentarían de la misma forma, obligando a que esta presencia se retirara definitivamente del lugar.
Un minuto después, sentí que “alguien” me llamaba desde el salón “Stanley Hall”, una gran galería que lleva el nombre de unos de los exploradores de la Cueva de los Tayos, un lugar especial no lejos del Oratorio de los Caras.
A pesar que sentí paz y tranquilidad en esta “invitación” a acercarme, lo pensé dos veces, en primer lugar porque ello involucraba dejar un momento al grupo; y por otro lado me parecía temerario desplazarme a solas en dirección a este gran salón donde la oscuridad es aplastante. Mi linterna solitaria en aquel sector de la Cueva no sería de mucha ayuda.
Y allí intervino nuevamente Antarel, diciéndome: ¿Qué te dice el corazón, Nordac?
—Que debo ir... —repuse en mis adentros.
En aquel momento, recordaba cómo muchas veces hemos perdido la oportunidad de vivir grandes experiencias para la Misión por no seguir lo que sentimos y preocuparnos de las formas o de lo que creemos haber aprendido. Cuántas veces nos ha ocurrido que hemos sentido ir a un lugar y no fuimos porque no “encajaba” con la escena que estábamos encarando. Algo que aprendí en el contacto con los Guías es que su psicología es totalmente distinta a la nuestra; ellos toman otros parámetros de evaluación, y miden las cosas desde otro ángulo de vista.
A fin de cuentas: Sabía lo que tenía que hacer.
Nimer continuó con el trabajo, mientras a paso seguro ¾y con la linterna de mi casco encendida¾ me dirigí sin mayor tropiezo al salón Stanley Hall.
Cuando abandoné el Oratorio de los Caras, noté que yo no era el mismo. ¡Algo había pasado conmigo! Y lo más inquietante es que no sabía exactamente qué me ocurría. Era una sensación de estar viviendo en el mismísimo Universo, con una conciencia cósmica y no humana.
Mi impresión fue más grande al llegar a la gran galería: Allí, en donde debería estar el techo, como si fuese la proyección de un teatro o cine, veía las mismas escenas que “viví” en el trabajo con los muchachos. ¡Las veía con los ojos abiertos! Me frotaba los ojos, los abría, y seguían allí las imágenes... Fue tan fuerte —y espero que esto no se mal interprete— que pensé por un instante que me estaba volviendo loco. ¿De dónde salen estas imágenes? ¿Por qué? —me preguntaba desesperadamente—.
“Lo que ves no está fuera de ti”... Fue lo que “escuché” como respuesta inmediata a mis cuestionamientos. No era exactamente una voz —como me ha ocurrido muchas veces con los mensajes de los Guías—; era una “sensación” que comprendía. “Algo” se estaba comunicando conmigo...
“Tu estás proyectando lo que fue sembrado en ti”... Me “hablaba” nuevamente aquello, inquietándome aún más, a pesar que esta comunicación venía acompañada de una energía llena de amor, sólo propia de un verdadero ser de luz.
...Y fue una luz la que aparecería en escena cuando me preguntaba quién era el emisor de esta comunicación: Una pequeña esfera de luz —quizá la misma que viera el grupo en El Domo— se acercó hacia mí, flotando hasta detenerse a sólo un metro de donde me hallaba parado. Curiosamente, cuando apareció la esfera, las abundantes ratas y los siempre frecuentes —y molestosos— murciélagos se marcharon.
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Entonces, la esfera se empezó a deformar, como si se estuviese alargando, estirándose hacia arriba y abajo al mismo tiempo. Fue impactante observar cómo esta pequeña luz ahora iba adquiriendo una proporción mayor hasta formar una clarísima silueta humanoide, de un 1. 90 m de estatura, delgada, muy similar al ser de luz que me contactara en una experiencia anterior en Cusco, en el complejo de chinkanas de la enigmática Zona X. A cuatro años de aquel encuentro en los Andes ahora me enfrentaba prácticamente a la misma experiencia, sólo que en esta ocasión los guardianes interdimensionales nos permitían observar su forma real, y cómo pueden asumir una apariencia “humana”. Así, aquella figura que estaba “materializada” frente a mí —no pude distinguir si era “hombre” o “mujer”— me transmitió una serie de sensaciones que mi mente comprendió con facilidad. Simplemente se estaba comunicando conmigo...
Me “dijo” que ahora tomaba esta apariencia para que fuéramos concientes que ellos muchas veces lo hicieron en los contactos con nosotros, porque si hubiésemos enfrentado desde un principio la apariencia real de su “esencia”, ello nos hubiese desconcertado. Ver el YO SUPERIOR de aquellos seres es de por sí estremecedor; es como ver el reflejo de la propia esencia de uno mismo, porque a fin de cuentas —como me dijera la Guardiana de Shasta— los seres humanos somos así en realidad: Esferas de Luz. |
Aunque este tipo de encuentros no es materia nueva en la Misión —y ello lo saben mejor que nadie los grupos de Uruguay y Argentina, que en la Estancia de la Aurora y en el Valle de los Terrones han sido protagonistas de estos fenómenos— , este acercamiento era posiblemente uno de los primeros que hablaba abiertamente del significado de estas esferas y su relación con nuestra propia chispa divina que nos conecta con los orígenes de la Creación.
Aquella entidad de luz, que antiguamente tuvo cuerpo físico, y hoy se constituye en uno de los guardianes que protegen el Retiro Interior de la Cueva de los Tayos, me diría que las imágenes del cosmos que me asaltaban era el resultado del trabajo que habíamos hecho en el Oratorio de los Caras, donde se produjo una doble conexión teniendo al grupo como centro. Mientras estábamos siendo expuestos a la energía que la nave de los Guías proyectaba para conectarnos con el origen del Universo y vivir la esencia del “Tiempo sin Tiempo”, desde las entrañas de la Cueva brotaba otra irradiación poderosa de un disco metálico que se custodia en los Tayos, y que nos permitió “absorber” la historia del lugar y su relación con el Plan Cósmico y el proceso de nuestra experiencia de contacto.
No pude evitar consultar a aquel ser porqué habían elegido esta impresionante forma de entregarnos la información del lugar. Y qué debíamos hacer con ella ahora que la poseíamos.
Me dijo entonces que era tanto el conocimiento a revelarse, que hubiese sido imposible entregarlo al grupo en una sola interacción con ellos; por esta razón convinieron en depositarlo en nosotros para que con el tiempo pudiésemos asimilarlo, comprenderlo, y transmitirlo. Este procedimiento ya había sido puesto en práctica por los Guías y la Hermandad Blanca en otros viajes y experiencias, demostrando su eficacia con el devenir de los acontecimientos. Pero en esta ocasión, pienso que éramos más concientes de todo lo recibido.
Sin embargo allí no quedaba todo: Durante aquella conexión en el Oratorio de los Caras habíamos afrontado algo más que “conocer el Real Tiempo”; lo habíamos vivido, y una partícula de energía pura, similar en naturaleza a la fuerza que precedió las explosiones cósmicas que originaron —según la física cuántica— el concepto tiempo y espacio y, por consecuencia, la expansión del Universo, había sido depositada también en el grupo. En breve explicaré exactamente dónde y porqué.
El reencuentro con los Sunkies
Mi mente —y mi corazón— estaban procesando todo esto cuando sentí presencias detrás de mí, y luego el ser de luz indicarme que mirase en aquella dirección. Me volví con cautela y allí descubrí a cuatro pequeñas criaturas, que de inmediato se cubrieron sus grandes ojos negros cuando les alumbré con mi linterna. Eran los Sunkies...
Allí, en medio de mi impresión de verles cara a cara, físicamente, el ser de energía que seguía pacientemente mis reacciones, me “transmitió” lo siguiente:
“Les molesta la luz porque no están acostumbrados a ella. Fueron creados para vivir en la oscuridad. Son tan antiguos como ustedes, y nacieron en la Tierra. Sus padres también fueron los mismos...”
Ricardo González explorando un de los túneles de Los Tayos (agosto 2002) |

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En aquel instante comprendí lo que me decía el guardián —o guardiana—; por alguna razón, como lo explicaba antes, “sabía” quiénes eran los Sunkies, y ahora mis intuiciones —y la de otros miembros del grupo— se veían inquietantemente confirmadas.
Durante el destierro que sufrió en nuestro planeta uno de los siete Ingenieros Genéticos de las Pléyades: Gadreel, por haber saboteado en un inicio el proyecto de creación y adaptación de nuevos seres humanos en base a proto-homínidos, el Elohim abandonado en nuestro mundo —en una suerte de prisión subterránea de la cual no saldría hasta que sus compañeros volviesen por él al ver que comprendió su error— había “creado” una raza de criaturas, con la intención de enmendar su equivocación al dejarse influenciar por unos de los Helel o “Resplandecientes” del Universo Mental que rechaza el planteamiento actual del Plan Cósmico y el Proyecto Tierra. Las criaturas que creó Gadreel, como una iniciativa paralela a la humana, son los “Sunkies”. Al ser estos “creados” para vivir en la oscuridad, no han podido salir a la superficie y mostrarse, ya que son muy sensibles a la luz.
Los Sunkies —me explicaba el ser luminoso— se encuentran en peligro de extinción al ver sus fuentes de energía contaminadas: los ríos, lagos, bosques, e inclusive el aire, porque lo respiran gracias a ingeniosos conductos de ventilación.
Veía en mi mente en aquel momento cómo el ser humano destruía la naturaleza, de manera particular recuerdo imágenes de detonaciones atómicas en el subsuelo y el fondo marino; por la radiación que emiten, han hecho desaparecer a muchos de los Sunkies que son más susceptibles a los efectos de estas detonaciones que los seres humanos. Son criaturas en extremo frágiles y sensibles, y están desapareciendo.
La importancia de ellos radica en que son los principales moradores del mundo subterráneo, y los conocedores de los caminos secretos a los archivos que protege la Hermandad Blanca. Conviven con los Maestros, por tanto era importante empezar a familiarizarnos con estos seres, para cuando llegue el día en que en representación de la Humanidad penetremos físicamente los Retiros Interiores de la Hermandad Blanca. Desde luego, no son seres malignos ni negativos, sino criaturas bondadosas conectadas con la energía del planeta.
Ver a los Sunkies allí expectantes —y ellos observándome también con curiosidad— produjo en mí una sensación extrañísima. Inolvidable...
Entonces se marcharon rápidamente, moviéndose con agilidad, mientras el ser de luz empezaba a difuminarse, hasta desaparecer...
Cuando salí de la gran galería para encontrarme con mis compañeros, estaba convencido que todo esto era sólo el principio.
Todos nos hallábamos contentos. Habíamos vivido algo extraordinario y éramos concientes de ello.
A los muchachos les ocurrió el mismo fenómeno de “proyectar” imágenes del espacio —y otras extrañas donde aparecían figuras geométricas de diversos colores y formas— cuando salieron del círculo culminando el trabajo.
Por otra parte, Nimer me comentaba que al observar el destello azulado que emitía el tragaluz, llegó a distinguir tres luces en línea, hecho que le recordó las “Tres Marías” o el Cinturón de la Constelación de Orión. Para mí no era una “casualidad”, teniendo en cuenta que en aquella región del espacio se hallan nuestros orígenes.
Los Guías supieron guiarnos con efectividad cuando vivíamos la conexión. La presencia de Antarel —una constante también en los últimos viajes y encuentros— fue clara y contundente para todos nosotros, constituyéndose en nuestro principal “asesor” durante la experiencia. Cuando comenté a los muchachos mi encuentro con la esfera y los Sunkies, el nativo shuar me dijo que en el mismo lugar donde vi las criaturas ellos habían hallado extrañas huellas “no humanas”. La impresión que le causó a José esta incursión a la Cueva de los Tayos, con seguridad absoluta, le cambió la vida.
Daniel nos haría pensar un poco más cuando nos hizo ver que habíamos perdido un lapso de tiempo durante el trabajo. Según nuestros cálculos, nuestra estancia en el Oratorio de los Caras no debía exceder los 30 minutos. Sin embargo, nuestros relojes habían registrado ¡Dos horas de ausencia! Y por si fuera poco, concatenando todo lo recibido aquella insospechada noche del día 12, comprobamos que manejábamos la misma información, las mismas sensaciones, la misma esencia de todo cuanto había sido reservado para este momento. Juntos, empezamos a armar el rompecabezas, y a darle un primer vistazo a todo lo que nos revelaran los Guías y los Guardianes del Reino Intraterrestre.
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¿Quiénes son los Sunkies y cómo se relacionan con la Hermandad Blanca? ¿Cómo hilar la fantástica narración de los extraterrestres sobre el origen de estas criaturas? ¿Y la existencia de este supuesto disco en la Cueva de los Tayos, tenía que ver con la denominada Red del Tiempo que revelaron los Hermanos Mayores en la experiencia de Chilca (Informe Celea, febrero 2001)? ¿Por ello la experiencia en el Oratorio de los Caras procuraba hacernos sentir el Real Tiempo del Universo? ¿Moricz supo de la existencia de los Sunkies?
Imagen de la expedición de Moricz con una estructura posiblemente artificial en Los Tayos
Continuará… |
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