Reflexiones del viaje, la información

El sunkie, o “amaikok”, como conocen los indios pemones a estas bondadosas criaturas subterráneas, se había escabullido por aquel estrecho túnel. Sólo se dejó observar por un momento, y se marchó. Este acercamiento era la confirmación de que no estábamos solos. Y aunque el objetivo de nuestro viaje a Roraima no apuntaba a una experiencia de contacto, sino a un trabajo espiritual con el Disco Solar que se hallaría bajo el tepuy sagrado, saber de la presencia de los sunkies en la caverna era más que una buena señal.

Juan Moricz, el aventurero húngaro-argentino que dio a conocer la Cueva de los Tayos a escala mundial, habría llegado hasta la mítica “Biblioteca Metálica” gracias a estas pequeñas criaturas. Así me lo afirmó en Guayaquil el Doctor Peña Matheus, amigo personal de Moricz. Según me narró, Moricz entró solo al sistema de túneles armado de una lámpara de carbón mineral. Por alguna razón ―quizá por agotamiento, o ausencia de oxígeno― el explorador se desmayó al interior de una de las muchas galerías que hacen de la Cueva de los Tayos un verdadero “laberinto”. Luego recobró el sentido, viéndose tomado por varias criaturas pequeñas que le llevaban a través de un amplio pasillo que se hallaba sutilmente iluminado. Luego de sortear una serie de caminos, le dejaron en un gran salón, de clara manufactura artificial, y allí fue recibido por otras entidades de aspecto humano, muy altas y todas ellas vestidas con túnicas blancas. Moricz les llamaba “Taltos”. Los Taltos le mostraron entonces la “Biblioteca Metálica”, y por si ello fuera poo, sarcófagos que contenían los restos de gigantes de tres metros de estatura.

El explorador llegó allí gracias a esas pequeñas criaturas ―los sunkies― que actúan como “Guardianes del Laberinto”.  Ellos y los “Taltos” formaban una especie de sociedad para proteger los tesoros del esquivo mundo subterráneo.

Cuando el Doctor Peña Matheus me reveló todo esto en su despacho, mostrándome una gran cantidad de fotos de la cueva y de las polémicas planchas doradas que vio Moricz, me emocioné mucho, pues se trataba de una confirmación extraordinaria de lo que habíamos vivido nosotros en la Cueva de los Tayos. Ahora, en Roraima, los Sunkies habían vuelto a mostrarse, como si nos estuvieran dando indicios de que en el antiguo tepuy venezolano se hallan otras entradas semejantes hacia el mundo intraterrestre...

El día 8 de agosto, por la noche, y al interior de la caverna de Roraima, haríamos un ejercicio de conexión con el Disco Solar. Desde luego, a pesar de que la presencia humana en la zona empieza a interactuar por sí misma con el disco, una práctica dirigida para conectarse con la herramienta de poder permite, además de la activación, enlazarnos con importante información relacionada a estos elementos sobrenaturales y sus guardianes. Los Guías extraterrestres nos hablaron de esta red de discos en una experiencia de contacto físico, ocurrida en el desierto peruano de Chilca, el 24 de febrero de 2001. Desde entonces, hemos venido trabajando con ellos, confirmando las ubicaciones y viajando a los principales puntos donde se encontrarían las herramientas. Los mensajes hablaban de 13 discos repartidos desde Mount Shasta hasta la Península Antártica, estando la mayoría de ellos concentrados en Sudamérica. Ello es así ya que el movimiento de energías más importante del mundo ocurre en el sector de los Andes. Además, como vimos anteriormente, al ser los discos una “plataforma de estabilización” del campo magnético terrestre, es lógico que la mayoría de ellos se encuentren en el continente más afectado por la gran “grieta magnética” que la NASA ha detectado gracias a sus sondas espaciales Themis.


Ello no quiere decir que los 13 Discos Solares de la Red del Tiempo sean los únicos elementos de poder en el planeta. Sabemos de la existencia de otros discos en diferentes enclaves del mundo, pero ellos cumplen otras funciones y pertenecen, por lo que sabemos, a otras redes, actuando como “espejos”. Recuerdo que durante la salida internacional de los grupos de contacto que se llevó a cabo en Capilla del Monte (Córdoba, Argentina) en enero de 2005, se realizó una consulta en comunicación simultánea a los Guías sobre este punto, y en síntesis dijeron:

“…La Red del Tiempo, hermanos, está constituida como se les reveló por aquellos 12 discos y la herramienta de poder de Paititi que los armoniza. Los otros discos que han percibido fueron en su momento instrumentos de poder de antiguas civilizaciones desaparecidas, ajenos a la Red del Tiempo pero a cargo actualmente de la Hermandad Blanca.

La Red del Tiempo se encuentra en la franja americana, como constataron, desde Monte Shasta hasta la Antártica, siguiendo una estrategia energética que procura apoyar al planeta en su ascenso desde los lugares donde las energías y los Retiros de la Hermandad Blanca se hallan activos. El origen de aquellos discos está en Lemuria, y el destino de su aporte en las estrellas que brillan en el Real Tiempo del Universo…”.

La información de los discos solares ha captado el interés de muchos grupos espirituales, algunos sumándose a los viajes de conexión, o sencillamente reuniendo e investigando la información disponible; otros, penosamente, han mezclado este conocimiento con otras líneas de interpretación, cambiando incluso las ubicaciones de los discos, o añadiendo detalles que no contienen ninguna lógica y menos una confirmación real y concreta de los Hermanos Mayores. Hallándome al interior de la caverna de Roraima reflexionaba en la importancia de los Discos Solares, y cómo esta revelación había encendido tanto interés, trabajo, compromiso, pero también debates y opiniones diversas. Pero recordé también aquello de que “la Misión se cuida sola”.  El trabajo con los discos y su mensaje ya había sido sembrado desde que nos fuera entregada esta tarea en la experiencia en Celea.  Ahora teníamos que concentrarnos en los pasos que nos restaban. Por ello nos encontrábamos en Roraima.

Uno de los datos más importantes sobre los Discos Solares ha sido conocer sus “nombres” o “mantras”, el “sonido” que ayuda a sintonizarse con ellos. Luego de los viajes y experiencias que vivimos en la Sierra del Roncador y en Tierra del Fuego, reunimos esta importante información que ha podido ser corroborada en diferentes trabajos alrededor del mundo. Y no pasó mucho tiempo para comprender que, en realidad, se nos había entregado el “nombre completo de la red”, ya que los trece tonos de cada disco forman parte de un solo cuerpo llamado “El Gran Mantra de los Discos Solares”. Así, al repetir los 13 nombres como una suerte de letanía, empezamos a conectarnos con la Red del Tiempo. Diferentes grupos de España, EE.UU. y diversos países de Latinoamérica ya están trabajando con ello, y los resultados han sido asombrosos. La energía que se moviliza no sólo es extraordinaria, la conexión con la Hermandad Blanca y los Retiros Interiores es quizá lo más impresionante. Es como si los trece tonos de los Discos Solares constituyeran, además, un puente dimensional hacia los Maestros y sus santuarios intraterrestres.

De acuerdo a la información recibida originalmente sobre la Red del Tiempo, los 13 discos guardan esta ubicación:

LA RED DEL TIEMPO
Los Discos Solares de Poder

1. Monte Shasta: Emanashi
2. Valle Siete Luminarias: Sipenbó
3. Ciudad Blanca: Aromane
4. Guatavita: Xemancó
5. Roraima: Urinam
6. Cueva de los Tayos: Jasintah
7. Paititi: Ilumana
8. Lago Titicaca: Demayon
9. Licancabur: Ramayah
10. Talampaya: Mitakunah
11. Sierra del Roncador: Omsarah
12. Aurora: Ulimen
13. Antártica: Ion
Los nombres que acompañan los lugares donde se encuentran los discos son los mantras o tonos. Se pueden trabajar individualmente o cantar en “bloque”, como mencionaba líneas atrás. Ese sería el trabajo que llevaríamos adelante para conectarnos con el Disco de Roraima.

 CONOCIMIENTOS QUE FLUYEN DE LA CONEXION CON EL DISCO SOLAR

Estoy convencido: el lugar que ocupábamos ―la caverna al interior del Roraima― había sido “acondicionado” para nuestro trabajo. Lo supimos desde que llegamos. Y con el transcurrir de las horas allí, lo empezamos a sentir con intensidad. Así, para adentrarnos profundamente en la experiencia, realizamos la práctica de conexión con la “Partícula Divina”, un ejercicio que recibí en el viaje al desierto de Gobi y que guarda una íntima relación con los Cristales de Cesio, el mensaje de la estrella de seis puntas y su relación con el Aura humana. En meditación y en diversas experiencias personales los Guías me fueron explicando que la Partícula Divina es el “asiento de nuestra esencia” y el “enlace con el plano físico y nuestro cuerpo biológico”. Ubicada en el centro de nuestro pecho, irradia una poderosa energía que afecta y coordina el campo magnético del individuo. Curiosamente, su ubicación encaja en el grado 19.5 del cuerpo humano, una coordenada que encierra la fluctuación de poderosas energías en las estrellas, los planetas, e incluso en el ser humano, tal y como sostiene el científico norteamericano Richard Hoagland. De hecho, se trata del mismo lugar donde los Guías extraterrestres integran los Cristales de Cesio. No creo que esto sea un accidente.

En meditación, nos conectamos con aquel punto clave para fortalecer nuestro campo unificado de energía. El ambiente en la caverna era silencioso, agradable e inspirador. Parecía que estuviéramos detenidos en el tiempo y el espacio. Entonces empezamos a vocalizar los trece tonos de los Discos Solares, visualizando de manera especial el disco de Roraima, encendido en una intensa luz dorada, como si estuviese vivo, como si estuviese hablándonos. En ese momento las escenas que visualizábamos adquirieron vida propia. Nos hicieron sentir que estábamos allí, frente al disco. Algunos de nosotros pudimos distinguir en la visión siluetas luminosas, seres altos y espigados “vestidos” de una luz blanca sobrenatural. Y con ellos, la inconfundible presencia de los Sunkies. Aquellos guardianes estaban reunidos en un salón muy grande e iluminado por la propia energía del disco.

Fue en ese instante cuando sentí a mi lado, en la caverna, la presencia de Antarel. El Guía extraterrestre me dijo que mirara a través del disco. Así lo hice y observé cómo la herramienta de poder se transformaba en una suerte de cristal líquido, que se abría lentamente deformándose en su centro. Entonces, en ese agujero interdimensional, se empezó dibujar una escena que adquirió mucha claridad y nitidez, como si estuviera allí. Me mostraban un lugar que ya conocía... Y en la escena, me hallaba frente al propio Antarel y otro ser de apariencia extraterrestre que no podía distinguir.

En agosto de 2010 nos volveremos a encontrar físicamente. Todo este período de análisis y reflexión que has vivido desde el viaje al desierto de Gobi ha sido una necesaria preparación para la nueva etapa de contacto que empieza. Estate atento a las señales que te haremos llegar.

Antarel me había hablado con amor y firmeza, pero confieso que me sorprendió los detalles de esta invitación. Me hallaba realmente emocionado por lo que significaba volver a ver a los Guías físicamente. Y lo más importante: el mensaje o la información que pudieran transmitirnos en un nuevo encuentro programado. En ese momento reflexionaba si el tiempo transcurrido desde nuestra aventura espiritual en Gobi había sido “programado” por ellos para madurar nuestra visión del contacto, la proyección del grupo y analizar en qué aspectos hemos de cambiar, qué cosas deberíamos corregir, y así encaminar nuestra experiencia con mayor responsabilidad y equilibrio. Escribiendo estas líneas siento fuertemente en el corazón que ése fue el propósito. Ciertamente, al menos para mí ―y me atrevería a decir que de la misma forma con todo el grupo de viaje a Gobi― hubo un “antes y un después” de Mongolia.

La conexión con el disco solar de Roraima no concluyó allí. Luego de trabajar con los trece tonos de los discos realizamos una práctica dirigida de proyección astral. Sin embargo debo decir que estábamos tan relajados que no logramos un desprendimiento consciente. Sencillamente nos quedamos dormidos, y no nos levantamos hasta el día siguiente. Pero algo ocurrió.

En sueños, muy lúcidos e impactantes, me veía nuevamente haciendo el trabajo de conexión con el disco. Observaba al grupo concentrado en la práctica, como si estuviera viendo todo desde afuera. En ese momento estábamos siendo rodeados por los Sunkies y diversas siluetas luminosas de seres altos y delgados. Recordé entonces que durante el trabajo con el disco había tenido varias visiones sobre los Sunkies y su proceso. Empecé a hilar toda esa información y supe, en medio de este sueño lúcido, que se trataba de una segunda parte de lo que recibimos en la Cueva de los Tayos en agosto de 2002.

De acuerdo a la información recibida en la expedición que realizamos en Ecuador, los Sunkies son una raza intraterrena que creció y se desarrolló paralelamente al ser humano. Serían como nuestros hermanos, pues los “padres” de estas criaturas habían sido los mismos que ayudaron al hombre en dar un salto evolutivo a través de una intervención genética controlada: Los Elohim. Según sabemos, se trataba de un equipo de entidades extraterrestres que aceleraron el proceso de evolución de las especies. Supuestamente, consiguieron una variedad de homo sapiens, machos y hembras de raza negra, luego de un proceso científico de mutación en proto-homínidos. Algunos piensan que la intervención se hizo en el denominado “Homus Erectus”, y que este alucinante episodio sucedió en un lugar llamado “Lemuria”, tierras hoy sumergidas y que otrora unían las costas sur orientales de África con Madagascar. Como fuere, uno de estos científicos extraterrestres, llamado Gadreel, concluyó un experimento paralelo en una especie similar a los chimpancés: era el nacimiento de los Sunkies. Sin embargo, Gadreel vivió un momento de confusión producto de una influencia tenebrosa, y pretendió sabotear los proyectos científicos de sus demás compañeros. De acuerdo a lo que nos dijeron los Guías extraterrestres, esta entidad quedaría deportada en el planeta cuando su equipo se enteró del boicot. Tiempo más tarde, luego de que Gadreel comprendiera su error, fue retirado de la Tierra, pero aun se hallaría en estado de aislamiento en algún lugar del Universo.

Soy conciente de que esta información suena alucinante. Pero asumiendo que los hechos fueron así, tal y como lo cuentan los Guías extraterrestres, se podrían generar diversas preguntas sobre el proceso de la aparición del hombre en la Tierra, y en el caso de los Sunkies, desconfianza, pues se trata de seres “creados” por el controvertido Gadreel. Pero eso es lo de menos. ¿Acaso el mismísimo Gadreel no formaba parte del equipo que contribuyó en la evolución genética del mismísimo ser humano? ¿Qué pensar de nosotros, entonces? Obviamente, estas presunciones serían muy fáciles e irresponsables. A lo largo del denominado Plan Cósmico hemos visto diversos incidentes en donde se han producido conflagraciones extraterrestres, complots cósmicos y hasta polarizaciones. Y lo más inquietante: el ser humano en medio de este proceso. En otras palabras, es muy difícil comprender todos los episodios y la causa que los generó desde una perspectiva humana, que muchas veces está condicionada por nuestros patrones de creencia, educación, y peor aún, un proceso de crecimiento ajeno a la existencia real de inteligencias extraterrestres. Los Guías han procurado transmitirnos estas informaciones “complicadas” de la forma más simple y sencilla, afirmándonos de que al final comprenderíamos la esencia de todo, y que sabríamos “decidir” si basábamos el camino en nuestra intuición, en aquella brújula mágica que es el corazón humano. Desde luego, los Sunkies están muy lejos de ser entidades tenebrosas o manipuladoras. Los grupos que los han podido sentir e incluso ver en hermosas experiencias, como la del encuentro en El Cajas de Ecuador, la expedición a la Cueva de los Tayos, las salidas a terreno en Monte Shasta, el viaje a la Sierra del Roncador, los trabajos en Paititi y, desde luego, esta nueva experiencia en Roraima ―entre otros lugares―, pueden afirmar la energía de amor y paz que emanan estas criaturas, con una inocencia y pureza tales que, sin temor a equivocarme, se les podría comparar con niños pequeños. Aclaro todo esto ya que sólo después de la expedición a la Cueva de los Tayos de 2002 se sabe de la existencia de los Sunkies. Al menos en nuestro caso, pues tanto los shuaras de Coangos como los pemones de Roraima guardaban este secreto. Los indígenas del Ecuador y sus hermanos pemones de Venezuela sostienen que esas criaturas son bondadosas y tímidas, y que custodian las entradas al mundo subterráneo. Moricz llegó a la Biblioteca Metálica gracias a estas criaturas, que le auxiliaron cuando el explorador cayó desmayado en un túnel. La misma historia que cuentan los pemones, pues se dice que estos seres ―llamados por los indios de Roraima “Amaikok”― asisten a los exploradores extraviados.

En el sueño lúcido veía a los Sunkies, y las imágenes se mezclaban con otras que parecían formar parte de un remoto pasado, en donde ellos mantenían un contacto fraterno con los seres humanos. Producto de esa conexión los hombres podían disponer de elementos minerales extraídos por los Sunkies. Gracias a estas pequeñas criaturas intraterrenas, el ser humano accedió a diferentes cristales de poder y otras piedras preciosas que le permitió “construir” el primer disco solar, aquel que se fraccionaria más tarde en doce partes o nuevos discos, unidos todos ellos en la actualidad por el “disco número trece” que fue diseñado en el desierto de Gobi: El Gran Disco Solar de Paititi.

La conexión de los Sunkies con elementos de poder y piedras preciosas es un hecho que se recuerda en la tradición andina, pues la leyenda cuenta que el Inca Huayna Cápac recibió la visita de estas pequeñas criaturas en su propia habitación real. Al parecer, esta “aparición” de los Sunkies estaba ligada a una piedra de poder llamada “Umiña” ―que en quechua significa esmeralda― un elemento sobrenatural que había recibido el Inca de manos de una sacerdotisa de las Pirámides de Cochasquí llamada Quilago. Aquella piedra verde brillante, que recuerda sospechosamente la descripción medieval del Santo Grial y la misteriosa Piedra de Chintamani que mencionan los lamas del desierto de Gobi, otorgaba poderes extraordinarios al Inca, y podía curar a las personas.

Pero esa relación mágica entre los Sunkies y el ser humano se rompió en el pasado cuando los hombres se volvieron ambiciosos y egoístas, borrachos de poder ante el regalo que significaban aquellos cristales o piedras luminosas que los Sunkies conocían y extraían del mundo intraterrestre. Los Sunkies, al percibir que el hombre podría hacer mal uso de estos elementos, decidieron no extraer más piedras del intramundo. Entonces la respuesta humana fue someter a los Sunkies y obligarles a sacar más piedras preciosas, cristales, e incluso oro. Si había resistencia de estas pequeñas criaturas de hacerlo ―y la hubo― se les daban terribles castigos, que incluían la tortura y la muerte. En las imágenes que veía, los Sunkies se internaban definitivamente en el mundo intraterrestre y se alejaban del hombre. En ese momento percibía dolor en el corazón de esas criaturas, que nos veían como hermanos mayores.

Pero de pronto la visión cambió, y vi al grupo descansando en la caverna. A pesar de la oscuridad, podía distinguir a mis compañeros metidos en sus bolsas de dormir y la tienda de campaña donde dormían Isabel de Honduras y Nuris de Venezuela. Rodeándonos, varios Sunkies se acercaban a nosotros. Se detuvieron muy cerca, observando nuestras cosas ―equipo de camping, linternas, libretas de apuntes, cámaras―; lo hacían con suma curiosidad, tomando incluso algunas de ellas como lo haría un niño pequeño. Luego se detuvieron en mirar cómo dormíamos, y “sentí” que en ese instante nos decían que no importaba lo que había ocurrido en el pasado, que ellos amaban al hombre porque somos sus hermanos, y que debíamos unir esfuerzos para los tiempos que vienen para el planeta, pues ello afectará a todos. No eran voces lo que escuchaba de ellos, sino sentimientos. Los Sunkies no se comunican por telepatía, al menos no cómo los Guías extraterrestres, en donde nuestro cerebro ordena frases concretas bajo el impulso de una comunicación psíquica. Los Sunkies emplean imágenes, emociones. Supe en ese momento que algo positivo y maravilloso había sido “sembrado” por ellos en nosotros.

Al despertar, nos dimos con la sorpresa de que nuestras cosas estaban movidas… Incluso una bolsa de dormir que se hallaba enrollada dentro de la tienda de Isabel apareció en otro lado. Linternas, abrigos, incluso mi silla de camping estaba desplazada. Más de uno recordaba haber “estado” con los Sunkies en “sueños”, y que éstos visitaban al grupo en la caverna. Incluso algunos escucharon, medio dormidos, ruido y movimientos, como niños caminando rápido. Carina de Bariloche fue testigo de ello y recordábamos juntos una escena similar que vivimos al interior de la Cueva de los Tayos. Qué decir… Amanecimos con una paz profunda… Quizá por la energía del trabajo con el disco de Roraima. Tal vez por la “visita” de los Sunkies. Como fuere, sabíamos en nuestro corazón que habíamos logrado el objetivo de este primer viaje de los grupos de contacto a la gran montaña.

RETORNANDO AL "MUNDO DE AFUERA"

Abandonamos la caverna y salimos al cielo abierto del Tepuy. Éste, que había estado nublado, ahora mostraba un hermoso cielo azul. En el camino de descenso nos encontramos con otros guías pemones que también volvían al campamento base, y ellos nos decían que la noche del 8 habían quedado maravillados por las “luces” y “objetos” que sobrevolaron la meseta. Había sido la noche en que nosotros estábamos viviendo la “conexión” al interior de la caverna…

El paso de las lágrimas estaba prácticamente seco, así que bajamos por ese difícil camino sin que nos cayera el agua de las cascadas que a más de un aventurero ha hecho caer y lastimarse. La vista del Roraima a nuestras espaldas era como la de un gigantesco guardián que nos despedía. Era alucinante ver la altura que habíamos alcanzado, dónde habíamos estado, increíble… Un verdadero regalo… En el campamento del río Kukenán observamos mejor la silueta de los dos grandes tepuyes diciéndonos adiós ―o hasta pronto―, tomando conciencia de que volvíamos al “mundo”. En el campamento veía a decenas de exploradores y mochileros, la mayoría de ellos europeos, celebrando su retorno al refugio luego de haber conquistado la cima del Roraima. Nosotros nos hallábamos en silencio. Todos esos días habíamos estado trabajando en Roraima en completa intimidad, viviendo una maravillosa experiencia. Entonces, en el cielo estrellado, observé un destello intenso de luz blanca, que dio paso a un objeto brillante que cruzó horizontalmente el cielo a una velocidad espantosa… Recordé allí la invitación de Antarel. Ellos, los Guías, en ningún momento nos habían dejado solos.

Nuestro viaje también ha permitido abrir el mensaje de nuestra experiencia de contacto en Venezuela, una nación con mucha riqueza espiritual y esotérica, pero también en medio de una importante fluctuación de fuerzas en el escenario mundial. Gracias a Carmencita Padrón, en noviembre participaremos en una mega conferencia pública como parte de la segunda edición del evento “El Día Más Esperado”. Será en la Academia Militar de Caracas, y ante más de mil personas ya confirmadas. En él, también participará nuestro nuevo amigo Roberto Marrero, el principal difusor de los misterios de Roraima y su vinculación con el fenómeno ovni. Siento que todo esto es parte de la activación del disco. Así nos lo adelantaron los Guías. Ha llegado, pues, un momento diferente en la proyección del mensaje en Venezuela. Es hermoso ver cómo todo se sigue confirmando de una forma impresionante y contundente.

Este es un resumen de nuestro viaje, que también ha sido el vuestro. Gracias a todos los que estuvieron pendientes. Este primer paso ha sido un logro de todos.

Amor y luz,

Ricardo González

 

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