Las profecías parecen haber caído en descrédito. Y una razón de peso es que muchas de ellas no se cumplieron en el tiempo o, sencillamente, resultaban en extremo delirantes e imposibles. Pero hay que separar el significado de “profecía” de las interpretaciones, que tanto daño y confusión han generado en torno a un mensaje real. Desde tiempos antiguos, la habilidad de “percibir” el futuro y comunicarlo como advertencia fue un arte respetado lejos de toda superstición. Es verdad que escudriñar este asunto desde un punto de vista científico no nos llevará muy lejos, pero hay suficientes indicios de que el “destino” de la raza humana es semejante a un gran mapa, un diseño cósmico que se encuentra sujeto a leyes superiores que la mayoría de los hombres ignora. El concepto lineal que tenemos de un pasado-presente-futuro parece desvanecerse cuando ingresamos en esa otra esfera de comprensión, cercana, me atrevo a decir, al pensamiento maya. No hay forma de medirlo, ni siquiera con avanzados calendarios, sin embargo la clave estaría en el interior del propio ser humano. Hablamos de una puerta espiritual o psíquica que, al ser cruzada, otorga información sobre posibles variables en el devenir de los acontecimientos. Tal vez por ello el denominado “Don de la Profecía” era sinónimo de hablar en lugar de Dios. Un atributo que estaba lejos de un mortal común. Una capacidad que sólo podía ser esgrimida por un ser humano especial.

La habilidad de profetizar se ha hallado desde siempre en los pueblos de la Tierra. Además de un sinnúmero de comunidades indígenas que se congregan en torno a un chamán, las religiones monoteístas como el Islam, el Judaísmo y el Cristianismo otorgan gran importancia a las profecías como designio divino. En todos los casos, no deja de ser un atributo que Dios comparte con los hombres. Al menos, esa es la creencia. ¿Y si hubiese alguna explicación racional frente a ello? ¿Y si aquellos “milagros” son tan solo hechos científicos desconocidos? Difícil saberlo. Quizá los mayas lograron combinar sus avanzados conocimientos astronómicos con la visión “psíquica” de un futuro probable. Quizá comprendieron que la vida humana estaba atada al Universo y, por consecuencia, estudiando los misterios celestes, podrían aventurar presagios y vaticinios. O, sencillamente, fueron tan solo los depositarios de una advertencia de sus “dioses”, sean estos de origen extraterrestre, los misteriosos “hombres barbados” que llegaron allende los mares, o personajes salidos de su propia imaginación. Como fuere, 2012 sigue presente.


Y su espíritu se hace cada vez más fuerte mientras nos acercamos hacia la fecha del supuesto “fin del mundo”. Si los mayas lo “vieron”, ¿quién más lo percibió?


El Factor San Malaquías

Nunca me imaginé que las profecías del arzobispo católico San Malaquías de Irlanda podrían estar aludiendo, de alguna forma, a los tiempos que vienen después de 2012. Malaquías tenía el don de la profecía, tal y como se menciona en su “Breviario”. Como se sabe, concitó la atención de muchos debido a su polémica “lista” de los Papas, que menciona al detalle, uno a uno, bajo distintas denominaciones. De acuerdo a varios estudiosos, su “lista” se ha venido cumpliendo y alude a un final de la Iglesia Católica tal y como la conocemos. Supuestamente, el monje irlandés empezó a recibir mensajes y profecías durante un viaje que realizó a Roma en 1139. En ese trayecto recorrió Escocia, Inglaterra y Francia, situación que aprovecho para visitar a su íntimo amigo Bernardo de Claraval, personaje clave en la intrincada historia de los caballeros Templarios. Un hecho realmente curioso, pues se sabe del gran saber esotérico de la perseguida Orden del Temple.

Finalmente, en Roma, Malaquías fue nombrado legado de Irlanda. Regresando vía Clairvaux obtuvo cinco monjes para fundar en su país, en 1142, la gran abadía de Mellifont. En un segundo viaje a Roma, el monje irlandés enfermó, y murió en los brazos de San Bernardo el 2 de noviembre de 1148. En 1199, fue canonizado por el Papa Clemente III.

Entres las profecías más importantes de San Malaquías, podríamos observar las siguientes:

Sobre su propia muerte

Según nos relata el propio San Bernardo, San Malaquías anunció el día exacto de su muerte para el 2 de noviembre de 1148, hecho que ocurrió cuando se hallaba con él en la abadía de Clairvaux.

Sobre Irlanda      

San Malaquías anunció que Irlanda sería oprimida y perseguida por Inglaterra, trayéndole calamidades por siete siglos, pero que preservaría la fidelidad a Dios y a su Iglesia en medio de todas sus pruebas. Al final de ese período sería liberada, y sus opresores serían entonces castigados. Así, Irlanda católica será instrumento en el regreso de Inglaterra a la fe. Aunque todo esto se cumplió, se dice que esta profecía fue copiada de un antiguo manuscrito de la Abadía de Clairvaux y contada por él al mártir sucesor de Oliver Plunkett.

Sobre los Papas

Como decía, se trata de la más famosa profecía atribuida a San Malaquías. Está compuesta de “lemas” para cada uno de los 112 Papas, desde Celestino II, elegido en el año 1130, hasta el fin del mundo. He allí cuando la visión del monje irlandés parece tocarse con los tiempos de 2012.  No hace falta que cite aquí la lista completa. Bastará con observar los últimos 12 Papas para ver la precisión de la profecía, que data del Siglo XII:

101. “Cruz de Cruce” (Cruz de Cruz). Pío IX, 1846-1878

102. “Lumen in caelo” (Luz en el cielo). León XIII, 1878-1903.

103. “Ignis ardens” (Fuego Ardiente). Pío X, 1903-1914.

104. “Religio Depopulata” (Religión devastada) Benedicto XV, 1914-1922

105. “Fides intrepida” (La fe intrépida). Pío XI, 1922-1939

106. “Pastor angelicus” (Pastor angélico). Pío XII, 1939-1958


107. “Pastor y nauta” (Pastor y navegante). Juan XXIII, 1958-1963
Nota: Juan XXIII fue Cardenal de Venecia, ciudad de navegantes. Condujo la Iglesia al Concilio Vaticano II.

108. “Flos florum” (Flor de las flores). Pablo VI, 1963-1978.
Nota: Su escudo contiene la flor de lis, la “flor de las flores”.

109. “De mediatate lunae” (De la media luna). Juan Pablo I, 1978-1978.
Nota: Su nombre era “Albino Luciani” (luz blanca).  Nació en la diócesis de Belluno, nombre que viene del latín “bella  luna”. Fue elegido el 26 de agosto del 1978. Curiosamente, la noche del 25 al 26 la luna estaba en “media luna”. Y murió tras un eclipse lunar. También su nacimiento, su ordenación sacerdotal y episcopal, se dieron en noches de media luna.

110. “De labore solis”. (De la fatiga o trabajo del Sol). Juan Pablo II, 1978-2005
Nota: Además de que en los días de su nacimiento y muerte hubo eclipses solares, Juan Pablo II fue el “Papa viajero”, estandarte de una labor tremenda y sostenida hasta el día de su muerte.

111. “Gloria Olivae” (La Gloria del olivo). Benedicto XVI, 2005.
Nota: El Papa actual toma su nombre por San Benito y Benedicto XV. Los Benedictinos tuvieron una rama llamada los “olivetans”.

Y queda uno solo en la lista:

112. “Petrus Romanus” (Pedro Romano).
Sobre él, se dice que en su reinado ocurrirá el final de la Iglesia Católica —otros lo interpretan como el “fin del mundo”— en medio de un conflicto bélico, como si se tratara de la misma visión de la tercera profecía de Fátima que diera a conocer el Vaticano, sesgadamente desde luego, en el año 2000. Como fuere, el Papa actual, Benedicto XVI, tiene 82 años, por lo cual se estima que en los tiempos que vienen luego de 2012 “Pedro el Romano” estaría a la cabeza de la Iglesia Católica en medio de un cisma sin precedentes.

El Código Secreto de la Biblia
Cuando cayó en mis manos el libro del periodista norteamericano Michael Drosnin, en donde explicaba que la Torá escondía códigos matemáticos que vaticinaban acontecimientos en el futuro, me supo a un invento editorial para vender más libros sobre el “fin del mundo” y demás historias. Pero estaba equivocado. El estudio, que se atribuye en sus primeros pasos al matemático israelí Eliyahu Rips, se basa en la fuente original en hebreo de las escrituras, que son procesadas por un programa de computación que las “decodifica”, hallando en medio de las palabras frases concretas sobre acontecimientos futuros. Hay que señalar que Rips es uno de los expertos mundiales en teoría de grupos, el modelo matemático en el que se basa la física cuántica. Su estudio, aunque tiene varios detractores, ha sido corroborado por renombrados matemáticos de Harvard, Yale y la Universidad Hebrea. Incluso ha sido estudiado por expertos en descodificación del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, superando, además, tres niveles de revisión por parte de destacadas publicaciones científicas.

El método para decodificar estas presuntas “profecías” se basa en que la Biblia tiene la forma de un gigantesco crucigrama, y que estaría codificada de principio a fin con palabras que, al conectarse entre sí, revelan una historia oculta. Cada palabra se halla formada por letras equidistantes entre sí, de manera que, “saltando” una cantidad de letras desde la primera, surge, como en una especie de acróstico, el mensaje significativo. Pero el sistema no es tan simple como parece. Para dar con el código, Rips eliminó los espacios entre palabras y convirtió la totalidad del texto bíblico original en una hebra continua, compuesta por 304,805 letras. Al hacerlo, estaba devolviendo la Torá a la forma primigenia que los grandes sabios le atribuyen. Pues ésa es la forma legendaria en que Moisés, supuestamente, habría recibido la Biblia de Dios: “Contigua, sin solución de palabras”.

Aunque los escépticos afirman que no todas las “profecías” del Código de la Biblia se han cumplido, lo cierto es que Michael Drosnin, el periodista que difundió las investigaciones de Rips, alertó al Primer Ministro israelí, Isaac Rabin, que sería asesinado, pues así aparecía en el mensaje del código. Todo esto con un año de anticipación. Y así fue —y más tarde se comprobó que en el código aparecía, además, el nombre del asesino de Rabin: Amir—. Todo ello motivó a Drosnin buscar otras palabras y nombres en el software que decodifica la Torá, hallando alusiones sorprendentes a los asesinatos de los Kennedy, Gandhi, y el mismísimo atentado en las Torres Gemelas. Entonces el periodista se animó a probar con la cifra “2012” y, para su asombro, la fecha misteriosa de los mayas está relacionada en el código con “tierra desolada”, “vacía”, “despoblada”. Yse asocia este posible desastre a la aparición de un “cometa” que podría aniquilar la Tierra. Al menos así se muestra en una de las lecturas del software de Rips. Indagando un poco más, Drosnin cree que ese proceso que podría poner en jaque a la humanidad empezaría en el año 2010 con un conflicto nuclear, antes de la llegada del supuesto cometa. Así, al menos, “aparece” en los mensajes cifrados de la Torá. Sin embargo, en otras lecturas donde se muestra el número “2012”, también hay alusiones que hablan de la posibilidad de evitar cualquier tipo de desastre.

Al margen de la veracidad o no del código de Rips, y que el año 2012 sea mencionado en los ocultos caracteres hebreos, soy un convencido de que las profecías no han sido dadas para que se cumplan, sino como advertencias para modificar nuestro futuro. Si no fuese así, ¿dónde estaría el libre albedrío humano?


Sobre el pretendido cometa, lo único que se sabe científicamente es que una roca de un billón de toneladas de peso, denominada 2004 VD17, podría pasar cerca de la Tierra para el 4 de mayo de 2012. Pero no se trata de un cometa. Y no hay ningún indicio, al menos hasta ahora, de que ese cuerpo nos pueda golpear. Pero de hacerlo, las consecuencias podrían ser espantosas.

Las Psicografías de Parravicini

Aunque se trate de una fuente “paranormal”, es indudable la importancia que encierran los mensajes recibidos por Benjamín Solari Parravicini, un artista plástico argentino de renombre que empezó a psicografiar mensajes sobrenaturales desde 1936.

Sus aciertos no dejan de sorprender en la actualidad. Sus mensajes consistían en pequeñas frases, acompañadas de dibujos de trazos gruesos que parecían insinuar la naturaleza de los acontecimientos. Todo ello era, en otras palabras, “visiones del futuro”. En una oportunidad le preguntaron en qué forma recibía estos mensajes, y Solari Parravicini contestó que escuchaba en su oído una voz que le hablaba, y le revelaba hechos que habrían de ocurrir muchos años después. Una noche de 1936, mientras se encontraba en su habitación escribiendo cuentos y poemas como era su costumbre, vio con sorpresa cómo una pesada lámpara de bronce se levantaba en el aire y se estrellaba contra una pared. Entonces tomó la lámpara retorcida, y dirigiéndose a la habitación de su hermano Justino, se la mostró, sin conseguir convencerle del fenómeno que acababa de ocurrir. Su hermano no le dio mayor importancia al hecho y le sugirió que se fuera a descansar. Pero Parravicini volvió a su habitación y ya no pudo dormirse. Sintió una poderosa sensación en su mano, una necesidad de tomar un lápiz y comenzar a trazar extraños mensajes en el papel. Al principio, como él mismo afirmaría más tarde, descartó estas premoniciones y tiró muchos de los dibujos. Sin embargo, la sensación de escribir continuaba, y se decidió, finalmente, por plasmar lo que le “llegaba”. En uno de sus primeros dibujos, por ejemplo, mostraba a Mussolini muerto, colgado de los pies, tal cual sería expuesto en las calles de Milán en 1945 junto a su amante Clara Petacci. Y el extraño dibujo de Parravicini había sido realizado en 1936, en pleno auge del dirigente italiano y a nueve años de su muerte. Era el inicio de una serie de mensajes que recibiría desde esa “otra realidad”.

En sus psicografías, vaticinó el estallido de la bomba atómica, el arribo del hombre a la Luna, la aparición de la red de satélites y el auge de las computadoras, el primer trasplante de corazón, la situación política de Cuba, y hasta el penoso atentado en las Torres Gemelas de 2001. Un sinfín de temas. Y todos ellos se han venido dando tal y como Parravicini los recibió. ¿Quién o qué le “dictaba” esa información?

Pedro Romaniuk, un gran investigador que nos dejó hace poco, me dijo una vez que de todo lo que había recibido Parravicini, lo que más le inquietaba al canal era la información que había recibido sobre los “últimos años”. Romaniuk, amigo y confidente personal de Parravicini, se refería con ello a la “Hora Diez, Hora Once, y hora Doce”, citadas en las psicografías del hoy célebre sensitivo argentino. Personalmente, pienso que esta clave podría aludir a un proceso que abarca el año 2010, 2011 y 2012 respectivamente. Parravicini asociaba esos años con penosos cambios climáticos, grandes crisis sociales y económicas, pérdida de valores humanos, una creciente dependencia a la tecnología, virus y enfermedades, y por si ello fuera poco, una terrible conflagración bélica, a escala mundial. Sin ir muy lejos, mucho de todo ello está ocurriendo ahora. ¿Cómo lo pudo saber varias décadas atrás? A continuación, veamos las psicografías que señalan los tres años que nos llevan a 2012.



El texto que acompaña el dibujo dice:

“El cambio comenzó en la hora 10, más será el cambio en el cambio del cambio en la hora 12. Será el principio. Será Jesús”.


El texto que acompaña el dibujo dice:

“Ya el Sol en nubes, ya es la nube en lluvias, ya la desazón en rigores, ya es la oscuridad, porque es la hora diez, porque es el principio del final”. ¿Se refiere a cambios climáticos?



El texto que acompaña el dibujo dice:

“La hora diez trae el comienzo del fin; la hora once el fin sin fin; la hora doce el fin del fin, hasta el principio”.

Este último texto parece sugerir que aunque en el 2010 empieza el tránsito de pruebas, será en el 2012 en que éste logrará su final o momento más intenso. Sin embargo, más allá de las alusiones a “un fin del fin”, la psicografía termina con “hasta el principio”, como si se tratase de un ciclo que empieza una y otra vez. ¿La “Hora Doce” tendrá algo que ver con el 2012 de los mayas?

Michel de Notredame

Hoy en día pocos escritores se atreven a citar al visionario francés de orígen judío Michel de Notredame, conocido mundialmente como “Nostradamus”. La razón es el descrédito en que ha caído víctima de sus ocurrentes investigadores. No pretendo aquí abogar por sus profecías, pero sí señalar que mucho de lo que se ha dicho sobre sus vaticinios es más cosecha de escritores y documentales de TV que de los propios escritos del erudito. ¿Erudito? ¿Acaso no era un astrólogo aficionado que encerrado en un cuarto oscuro con su bola de cristal “adivinaba” el futuro?

Nostradamus nació en Sain Rémy, en el sur de Francia, el 14 de diciembre de 1503. A la edad de 15 años, Michel ingresó a la Universidad de Avignon de Francia para estudiar el bachillerato. Durante un año, logró acreditar el Trivium —unión existente en la época medieval de tres materias: gramática, retórica y lógica—, tiempo tras el cual se vio en la necesidad de buscar una nueva institución donde continuar sus estudios a causa de la clausura de Avignon por la epidemia de peste negra, persistente durante esa época. Años después, ingresó a la Universidad de Montpellier para estudiar Medicina, terminando sus exámenes de bachillerato en 1525. Se sabe que la aparición de la peste bubónica le empujó a viajar por toda Francia para asistir a los enfermos, y se dice que en ese viaje conoció a hombres connotados en el campo de la medicina, la alquimia e incluso místicos renacentistas que se hallaban en la clandestinidad. Después de haber ejercido la medicina durante cuatro años en aquellas regiones, le pareció oportuno volver a Montpellier para conseguir el doctorado en medicina, que obtuvo al poco tiempo con la admiración y el aplauso de todos. En ese período se casó con una joven de la alta sociedad, de la que tuvo dos hijos, un niño y una niña. Pero debido a la peste, murieron los tres y Nostradamus tomó la decisión de instalarse definitivamente en Provenza, su tierra natal. Quizá afligido por el sufrimiento del ser humano, la enfermedad y la muerte que vio de cerca, sumado todo ello a los probables conocimientos que adquirió recorriendo toda Francia, Nostradamus despertó alguna “facultad” para ver lo que le deparaba a la humanidad. En realidad, nadie lo sabe. Pero ha perdurado hasta nuestros días sus célebres centurias, la síntesis de sus supuestas visiones del futuro. Las empezó a escribir desde el año 1555, y se les conoce como “centurias” puesto que cada libro contenía exactamente cien de estas breves combinaciones métricas de cuatro versos. Por sus aciertos, ganó el reconocimiento de eruditos, hombres de ciencia y reyes. Murió el 2 de julio de 1566, tal como él mismo lo había señalado. Y le dejó una carta a su hijo César —de sus segundas nupcias— advirtiéndole que todo lo que había “visto” sobre el futuro, si el ser humano se lo proponía, lo podía cambiar. Ése era el verdadero mensaje, aunque sigue siendo un misterio cómo Nostradamus “vio” el posible futuro. Ahora bien: La punta de lanza que suele esgrimir el escéptico ante sus profecías se basa en que el médico francés vaticinó el fin del mundo para el año 1999. Pero ello es un error. Nostradamus no lo dijo, sino quienes le interpretaron. La cuarteta del debate, y que nos llevará de rebote a las profecías mayas, dice:

En el año mil novecientos noventa y nueve, siete meses.
Del cielo vendrá el gran Rey de terror.
Resucitará al gran Rey de Angolmois
Antes y después, Marte reinará por buena hora

Obviamente, en julio de 1999 el mundo no se acabó. Pero si prestamos atención, en ningún momento la cuarteta lo dice. Quizá el mensaje oculto de Nostradamus se refería a otra cosa. Un evento que también los mayas consignaron en el códice de Dresden: Un eclipse. Y no cualquier eclipse, se trataba del último eclipse total del milenio. Ocurrió el 11 de agosto. Entonces, ¿Nostradamus se equivocó por un mes? Recordemos que el cambio del calendario juliano al gregoriano generó una diferencia de 14 días en relación a los tiempos de Nostradamus. Es una posibilidad.

Como fuere, el símbolo del “gran rey de terror” y el “reinado” de Marte, con toda la alusión a la guerra, parece haberse cumplido, pues el cono de sombra del eclipse recorrió, precisamente, zonas de tensión en oriente medio. Incluso, la sombra parece señalar la costa este de Estados Unidos. ¿Una alusión a lo que pasaría en el año 2001 en Nueva York? Exactamente a un mes del eclipse, el 11 de septiembre de 1999, una misteriosa explosión proveniente del espacio eclipsó durante horas el brillo de algunas estrellas. Las radiaciones de ondas de radio, rayos gamma y rayos X multiplicaron su intensidad por 120. Los astrónomos del Observatorio de Nuevo México quedaron más que intrigados sin saber explicar qué significó todo ello. Los seguidores de las profecías mayas ven en este fenómeno, sumado al eclipse del 11 de agosto que lo precedió, una “señal” del cosmos ante los tiempos que vienen. Suena aventurado. Pero no deja de ser curiosa la alusión de Nostradamus al “gran rey del terror” —una forma habitual para referirse a un eclipse en su época—.

Al empezar el tercer milenio, a 12 años del final de la Cuenta Larga de los mayas, todos estos vaticinios parecen cobrar forma. A mi juicio, ninguno habla de un “fin del mundo”. Habla de pruebas y situaciones de todo tipo que el hombre puede —y debe— cambiar. Por alguna razón ese “tránsito” está conectado a una serie de eventos celestes, tal y como los mayas consignaron en sus códices. Incluso, los últimos crop circles de Inglaterra también aluden a eclipses de importancia camino a 2012. Nostradamus no fue la excepción, citó uno de los eclipses más importantes y lo “asoció” a guerras.  ¿Es posible que además de los cambios climáticos la humanidad enfrente, en los tiempos de 2012, un conflicto bélico internacional? Lo cierto es que en todas estas profecías hay un mensaje de corregir el rumbo. Tal y como le decía Nostradamus a su hijo, y el ser humano lo quería, podría cambiar el futuro…

NOTA: Este artículo es una adaptación del Capítulo XI de “Después de 2012”, libro de Ricardo González (Ediciones Luciérnaga, Barcelona).


 

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