Según lo que recibimos en nuestra experiencia de contacto extraterrestre, las pirámides, en verdad, actúan como “estabilizadores planetarios”, puestos a funcionamiento a raíz del desequilibrio energético que significó la destrucción de Atlantis (mencionada por Platón, aunque una fantasía para los arqueólogos) por el impacto de dos fragmentos de Maldek, un planeta desaparecido, otrora ubicado en el actual cinturón de asteroides que se halla entre las órbitas de Marte y Júpiter.
Este espantoso episodio invirtió los polos magnéticos de la Tierra e impuso por un tiempo una suerte de invierno nuclear.

Las pirámides de Egipto, catalogadas siempre de “Tumbas”, esconderían una función secreta que ningún arqueólogo ha sabido interpretar. En primer lugar, resulta sumamente inquietante comprobar que nunca se han encontrado restos humanos en los sarcófagos de las pirámides de Gizeh.

“...Estos fueron los primeros que gobernaron Egipto. A partir de ahí, el cetro del poder pasó de uno a otro en una sucesión ininterrumpida... a lo largo de 13.900 años... Después de los dioses reinaron los semidioses durante 1.255 años; y de nuevo se instauró otro linaje de reyes, quienes gobernaron durante 1.790 años; y otros diez reyes, que gobernaron durante 350 años. A continuación gobernaron los espíritus de los muertos por 5.813 años...”



Arriba: Las pirámides de Egipto reproducen por alguna razón el Cinturón de Orión.

“De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación de Babilonia, catorce; y desde la deportación de Babilonia hasta Cristo, catorce...”
La Biblia (San Mateo 1: 17).



Arriba: La Nebulosa de Orión o M42 vista por el Hubble.

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