Partiendo de un
encuentro cercano en el desierto de Chilca, lugar de
contacto al sur de Lima y famoso por las experiencias
de Sixto Paz y el grupo Rama, Ricardo González
describe una serie de viajes a diferentes lugares de
poder como la Puerta de Aramu Muru en Puno, las cavernas
misteriosas del Cusco, e inclusive una nueva expedición
al Paititi, donde se encuentra una vez más con
Alcir, el guardián intraterreno.
A caballo entre
el testimonio de contacto y las profundas enseñanzas
que se desprenden del mismo, “El Legado Cósmico”
toma un giro extraordinario cuando los Guías
extraterrestres permiten el ingreso físico al
interior de una de sus naves en el desierto de Chilca.
Esta experiencia permitió al autor conocer una
base orbital de la denominada Confederación Galáctica,
oculta tras la Luna, y en donde se le hicieron importantes
revelaciones. Entre ellas, los extraterrestres advirtieron
a González los peligros de la clonación
humana (antes que se llevara a cabo el anuncio oficial
de la organización Clonaid y sus planes de clonar
seres humanos); el conflicto bélico que involucraría
a EE.UU. con oriente medio (siete meses antes del atentado
en las Torres Gemelas de New York); y el misterio que
encierra el origen cósmico del ser humano, y
que encontraría uno de sus principales episodios
en las estrellas del Cinturón de Orión.