Cada vez que me ha tocado relatar y describir una experiencia de contacto al lado de los Guías extraterrestres, las palabras me han limitado. Es difícil plasmar tan bellas e intensas vivencias. Sin embargo, por la importancia de lo vivido, y desde luego el mensaje y las profundas enseñanzas que involucra un contacto, vale la pena intentarlo. Y seguramente, a pesar de tratarse sólo de palabras escritas, quizá éstas puedan transmitir parte de la energía recibida en aquellas inolvidables experiencias. Ya ha sucedido antes: El mensaje llegará a quien tenga que llegar.

En diciembre del año pasado, me tocó vivir un nuevo encuentro físico con los Hermanos Mayores; una experiencia diferente pero complementaria a todo lo que anteriormente enfrenté. Han pasado siete meses desde aquella vivencia, siete necesarios meses de reflexión. Un tiempo que tomé por recomendación del Maestro Joaquín. Ciertamente él “ve el futuro”, y por ello tiene esa magia para orientarnos a través de consejos que, en una primera instancia, nos resultan incomprensibles o irrealizables. Pero así opera la Misión. Posee mecanismos mágicos y perfectos.

Procuraré ser breve y sencillo en narrar cómo se dio la invitación y las concretas confirmaciones que se sucedieron, una tras otra, para respaldar este contacto con la ciudad perdida de la Antártida. Que su luz llegue a todos.

 

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