En los últimos años se ha disparado el “boom” editorial sobre conspiraciones. Muchos creen que el principal responsable es el escritor norteamericano Dan Brown, el autor del súper bestseller “El Código Da Vinci”. Aunque los temas que trata Brown en la obra son materia harto conocida entre los investigadores ―y no todos muy de acuerdo en sus afirmaciones, por más que el texto fuese una novela― motivó al público en general a leer entre líneas los misterios históricos. En ese caso, la aventura apuntaba a la leyenda del Santo Grial, conspiraciones en el Vaticano y la revelación de la discípula secreta de Cristo: María Madgalena. Casi como un “efecto rebote”, todo texto que hablara de conjuras y misterios sería devorado más tarde por un público ávido por “saber más”. Daba igual si se trataba de enigmas no resueltos de la Alemania Nazi, de la historia secreta de EE.UU. y su influencia en el mundo como parte de un plan orquestado por supuestas sociedades secretas, o la censura de casos controvertidos como la muerte de Kennedy, el incidente ovni de Roswell, o el atentado en la Torres Gemelas. Todo ello volvía a ocupar a los escritores y, desde luego, a los productores de documentales. Uno de ellos, difundido ampliamente por internet, apuntó toda la artillería a los Illuminati. Me refiero a “Zeitgeist”, un verdadero éxito independiente que hoy es considerado el vídeo de las conspiraciones y los Illuminati por excelencia. Al margen de sus imprecisiones, y su claro guión tendencioso, la palabra “Illuminati” empezó a entrar con más fuerza despertando debates y discusiones. Pero, ¿qué de todo ello es verdad? ¿Y qué tiene que ver con el contacto extraterrestre? Algunos creen que este “boom” editorial no es un accidente. Algunos creen que las cosas se están dando así para que la sociedad humana comprenda que ha venido siendo manipulada por fuerzas de oscuridad, sean estas humanas o extraterrestres. Desde luego, suena delirante. Más aún cuando algunos escritores como el británico David Icke enfatizó que la supuesta conspiración es de origen cósmico, señalando a una raza de seres reptiloides como los responsables. Además, por si todo ello fuera poco, esas presuntas entidades estarían conviviendo entre nosotros. Se llegó a decir, incluso, que el ex presidente George W Bush era uno de ellos, y que en secreto mutaba su forma a un reptil bípedo de larga cola. Casi una escena sacada de la antigua serie de ficción “V: Invasión Extraterrestre”. ¿Entonces, todas estas informaciones que circulan sobre los Illuminati y su pretendida conexión extraterrestre son falsas? ¿Son sólo delirios de escritores fanatizados con la idea de que estamos siendo “engañados”?
En mi libro “Nuestros Lazos Extraterrestres” dediqué un capítulo completo a este enigma. En el año 2001 había tenido una experiencia de contacto extraterrestre que nos entregó importante información sobre lo que más tarde sería el Incidente 11S. Desde allí, empecé a concatenar los datos que habíamos obtenido en el contacto sobre esa supuesta conspiración con lo que habíamos investigado en nuestras correrías por el mundo. A continuación, comparto con los lectores del web un resumen de todo ello.
¿Quiénes están detrás del mundo?
“Podrás tú atar los lazos de las Pléyades,
o desatarás las ligaduras de Orión”.
La Biblia, Job 38:31
Corría el año 2001. La última semana del mes de agosto mis actividades de difusión me llevaron a la ciudad de New York. Fue así que radio Wado, una conocida emisora de Manhattan, me entrevistó en un programa en vivo para hablar sobre mi experiencia de contacto. En el mes de febrero de ese año (ver artículo “Informe Celea”) había vivido un extraordinario encuentro físico en el desierto peruano de Chilca, experiencia que me permitió abordar una nave extraterrestre y recibir importantes mensajes que involucraban el futuro de los EE.UU. Por ello tenía en mi mente los momentos más intensos de esa experiencia cuando el asistente del programa acomodó mi micrófono para iniciar la entrevista. Sabía que era gravitante el momento. Y desde luego, hice hincapié en la advertencia extraterrestre que recibí en el contacto, y que señalaba la aparición de “un foco de tensión” en Nueva York, y que llevaría al país a un conflicto bélico con Oriente Medio. Esta situación —les dije— podría ser el inicio de una crisis global que más tarde involucraría a otros países como China, incluso militarmente.
Luego de la entrevista abandoné la gran manzana y sus dos gigantescos guardianes: las Torres Gemelas, y sin mayor demora me dirigí al barrio de Queens, donde una familia amiga me había hospedado.
En una salida de contacto en Monte Shasta, realizada en el mes de junio de ese año 2001, los guías extraterrestres me habían precisado que el “foco de tensión” estallaría en New York entre el 9 y el 12 de septiembre. Por esa razón, y bajo el pedido del grupo de contacto de San José de California —a quienes les compartí abiertamente este mensaje—, pospuse todos mis compromisos para extender mi permanencia en EE.UU. hasta el 12 de septiembre. Entretanto, seguiríamos enviando luz a Norteamérica a través de las prácticas de proyección de energía que habíamos aprendido de los extraterrestres. Empero, a pesar de nuestro esfuerzo —y posiblemente de tantos otros grupos trabajando—, ocurriría la tragedia que cambió el rostro al mundo.
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El día 11, por la mañana, vi sorprendido en la televisión el incendio de la Torre norte del Word Trade Center. Los medios especulaban que un avión comercial, por “accidente”, se había estrellado. Ni bien observé las consecuencias de este primer impacto, tuve la sensación de que “ya lo había visto”, como si se tratase de un “deja vu”. Como fuere, al ver minutos más tarde un Boeing estrellándose en la otra torre, no albergaba duda alguna de que “el foco de tensión” al cual se referían los extraterrestres, era un atentado a las Torres Gemelas. La noticia me tomó en San José de California. Y debo anotar que fue impresionante el pánico que se desató en la gente al hablarse en los medios de un “ataque a EE.UU.” y mostrar, hasta el hartazgo, las imágenes del siniestro. Mi vuelo de retorno a Sudamérica —y por capricho del destino en la aerolínea American Airlines— se retrazó dos días y amén de todas las inspecciones y medidas de seguridad que tuve que afrontar con otros pasajeros antes de abandonar el país. El miedo se respiraba en cada rincón. Y no exagero. |
Mientras mi avión que me llevaba a Lima ganaba altura, intentaba comprender las dimensiones de este supuesto atentado terrorista en New York y, también, debo decirlo, el no menos desconcertante “ataque” que se efectuó, aquella misma mañana, al mismísimo Pentágono, símbolo de la seguridad militar de los EE.UU. ¿Cómo era posible? Una y otra vez me preguntaba: ¿cómo no pudieron prever un ataque de esa magnitud en los lugares más representativos del poder norteamericano? ¿Cómo unos hombres, que a duras penas podrían volar una avioneta, condujeron un Boeing a unos 900 Km. por hora para dar en un blanco reducido, con tremenda precisión? Además, ¿cómo lograron secuestrar los aviones y reducir a sus tripulantes con cortapapeles y cuchillos de plástico? Y por encima de todo: ¿por qué se evitaba a ciertas dependencias de investigación ir “al fondo” de este siniestro bajo el argumento de “secreto por seguridad nacional”? Algo raro estaba pasando.
11-S: La madre de todas las conspiraciones
Aquella sensación interna que me asaltaba sería confirmada más tarde a través de un libro que, “accidentalmente”, descubrí en España en mayo del 2002: “La Gran Impostura”(1), una investigación de los entretelones del 11 de septiembre a cargo del analista político francés Thierry Meyssan. E iré al grano: de acuerdo a Meyssan, el atentado de la Torres Gemelas y el Pentágono fueron realizados “desde dentro” de los EE.UU. Es decir, que la responsabilidad no recaía, precisamente, en Osama Bin Laden y su red terrorista Al Qaeda, sino en un “grupo terrorista interno”, operando a sus anchas en el país más poderoso del mundo. Quizá suene descabellado, pero lo cierto es que gracias a este “atentado”, el presidente George W. Bush logró que el Congreso apruebe sin mayores miramientos la llamada “U.S. Patriot Act”, que bajo la visión de algunos especialistas atropella una serie de derechos constitucionales. También sabemos lo que sucedió más tarde en Afganistán e Irak, este último episodio aún en desarrollo por la ocupación militar, en medio de un marco violento, y también lleno de “puntos oscuros”. Entre ellos, el papelón de la CIA al reconocer que se “equivocó” respecto a sus informes de las famosas armas de destrucción masiva que poseía el régimen de Saddam Hussein. Todos recordamos que ese fue el principal argumento para invadir Irak.
Sin embargo, nunca se halló el arsenal de armas nucleares o químicas, como tampoco al principal gestor —supuestamente— de los atentados del 11 de septiembre del 2001 y —también supuestamente— del terrible siniestro en España del 11 de marzo del 2004.
El ex agente de la CIA, Osama Bin Laden —y esto es de público conocimiento—, sigue escondido, aparentemente, en algún refugio subterráneo de Oriente Medio. ¿Y por qué aún no lo han atrapado? De acuerdo al investigador español Bruno Cardeñosa(2), el agente del FBI, John O’Neill, asignado para capturar a Osama Bin Laden años antes que ocurriera el incidente del 11-S —el terrorista saudí ya era buscado por los EE.UU.—, terminó denunciando a sus superiores porque le “impedían finalmente atrapar a Bin Laden”. O’Neill acabó por retirarse del FBI, y más tarde, por decisión de “altas esferas”, le colocaron como Jefe de Seguridad de las Torres Gemelas. El ex agente de la CIA murió en el “ataque” del 11-S…
Extraño.
A nueve años del incidente que puso “en jaque” a la seguridad de los EE.UU., diversos especialistas de todo el mundo, con argumentos sólidos y abundantes, se vienen sumando de cara al probable “fraude” que significó el ataque “sorpresa” a la Torres Gemelas y el Pentágono. Entre los elementos más comunes que se han estudiado sobre los acontecimientos del 11-S, se citan, entre otras, las siguientes “anomalías”: |

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1. Diversos pilotos del mundo que han sido consultados sobre el impacto de los aviones en los objetivos terroristas del 11-S, consideran improbable —a decir de algunos, imposible— que pilotos amateur, que sólo se habían entrenado en simuladores según la versión oficial, puedan estrellar a la perfección las aeronaves en los lugares precisos.
2. De acuerdo a la versión oficial, las torres colapsaron por el combustible de los aviones que al estallar derritieron la estructura interna de los edificios. La estructura de las torres gemelas era de acero, por tanto sólo una temperatura de al menos 550 ° C. la pondría en problemas. La teoría oficial se derrumba ya que el combustible de los aviones no supera los 360 ° C. cuando se enciende. Por si ello fuera poco, hay tomas del atentado que muestran a sobrevivientes del edificio caminando entre esas estructuras, lo cual indica que no fue el combustible de los aviones la causa del debilitamiento del “esqueleto” de los edificios. No olvidemos que el Boeing que se estrelló en la torre sur —18 minutos después del impacto en la torre norte—, perdió gran parte de su combustible al estrellarse, sin embargo la torre sur fue la primera en caer…
3. Diversos analistas sugieren un derrumbe controlado para la caída de las Torres Gemelas. Además de que no se explica cómo los pisos superiores a los impactos de los aviones no cayeron “en bloque” o fragmentándose, existen registros de sismógrafo —como los de la Universidad de Columbia, ubicada a 21 millas del Word Trade Center— que señalan una onda similar a la que genera una explosión, poco antes de que colapsen cada una de las torres. Bomberos y sobrevivientes escucharon la detonación. Curiosamente, la primera empresa que llegó al lugar de los hechos, fue Controlled Demolition Inc.
4. Pocos días antes del fatídico 11-S, hubo una “inusual” actividad en Wall Street, especialmente el 6 y el 7 de septiembre. Increíblemente se registró una espectacular opción de venta de las Aerolíneas American Airlines y United Airlines, negociándose nada menos que 4.744 contratos de venta frente a los 300 que se manejan normalmente por día(3). ¿Quién sabía que cuatro días más tarde aviones de esas aerolíneas serían secuestrados? Lo poco que se sabe es que las operaciones financieras fueron realizadas en el Deutsche Bank/ABBrown, entidad que hasta 1998 fue dirigida por el director ejecutivo de la CIA A. B. “Buzzy” Krongard. Por si todo ello no fuera suficiente, resulta extraño que siete semanas antes del 11-S se hayan “alquilado” las Torres Gemelas por 99 años a un empresario de dudosa reputación, llamado Larry Silverstein. La operación se había cerrado en 3 mil millones de dólares. Luego de los incidentes, Silverstein reclama a la aseguradora suiza “Re” la friolera de 7 mil millones de dólares(4).
5. En relación al Pentágono, resulta extraño que sus cámaras de seguridad no muestren en ningún momento a un avión estrellándose en su fachada. Solo se observa la explosión, que deja un agujero muy inferior en diámetro al volumen de un Boeing 757 como sugiere la versión oficial. Inmediatamente el FBI decomisó todas las filmaciones tomadas en el lugar por otras cámaras de seguridad, como las de una gasolinera y un hotel cercano. ¿Se pretendía ocultar algo?
6. Los controladores de Dulles (Virginia) captaron un eco de radar, al que llamaron “blip”, dirigiéndose al Pentágono. Según los parámetros de maniobrabilidad y velocidad era imposible señalar un Boeing, pero sí un caza militar o un misil. No en vano, el oficial de inteligencia francés Pierre Henri Bunel —Jefe de las tropas francesas en la Guerra del Golfo de 1991— asegura que lo que impactó en el Pentágono fue un misil. La lista de muertos en esta explosión, proporcionada por CNN, revelan que las áreas atacadas fue la de presupuesto y comunicaciones…
7. En “11-S. Historia de una Infamia”, Bruno Cardeñosa dispara un dato que, confieso, me dejó estremecido. En uno de los aviones que impactaron en las Torres Gemelas —el Boeing 767— iban a bordo tres miembros de una súper empresa bélica llamada “Raytheon”. Resultaba sospechoso que todos ellos viajaran en el mismo vuelo cuando no había ninguna convención de trabajo o cumbres científicas de la compañía. El panorama se complica —o se aclara— al ver que otro empleado de Raytheon se hallaba en el otro avión, que impactará, como mencioné anteriormente, 18 minutos más tarde en la torre sur. ¿Casualidad? Siguiendo la investigación de Cardeñosa, en el vuelo 77, que partió de Virginia con destino a Los Ángeles, se hallaba Steve Hall, de setenta y ocho años, Director de la división de programas de guerra electrónica de Raytheon. En síntesis, cinco miembros de la misma compañía bélica viajaban en tres de los vuelos implicados en el 11-S. La pregunta de rigor no puede esperar más: ¿Qué hace exactamente Raytheon? Además de ser los responsables de los misiles cruceros Tomahawk —con los que se inició el bombardeo a Irak en marzo del 2003— Raytheon fue la autora del sistema electrónico de espionaje “Global Hawk”, que permite manipular aviones a distancia, sin necesidad de un piloto…
Para pensar un poco más, Raytheon es la empresa a la que la administración norteamericana cedió el desarrollo del controvertido proyecto HAARP, que como describiré en el próximo capítulo, puede manipular el clima a través de poderosas antenas instaladas en Alaska…
Ahora bien: ¿por qué estaban a bordo de esos aviones en el 11-S? ¿Fueron víctimas de su propio programa bélico de guerra electrónica, como sugiere el periodista español?
Hay muchos más datos. Y aunque no es el propósito de este artículo analizar todos los acontecimientos del 11-S a profundidad —incluso dedicando un texto completo a este asunto no sería suficiente—, pienso que es el “punto de partida” para descubrir la existencia de un grupo secreto que, tras las sombras, conspira para sembrar el caos en el mundo. Ese grupo es conocido hoy en día bajo el nombre de “Illuminati”, los verdaderos ideólogos de los atentados del 11-S y otros acontecimientos terribles en nuestra historia. Todos estos eventos, debo decirlo, fueron “programados” bajo poderosos símbolos que recuerdan la antigua batalla entre el bien y el mal.
Una conjura de siglos
El origen de los Illuminati —los “Iluminados”— generalmente recae en la persona de Adam Weishaup, según algunos autores, catedrático de Derecho Canónico de la Universidad de Ingolstad(5).
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Junto a sus primeros adeptos habría fundado una sociedad secreta en un bosque de Baviera, en el sur de Alemania, con el propósito ulterior de aniquilar la monarquía y todo gobierno organizado bajo el antiguo régimen, y establecer, en suma, un “Gobierno Mundial”. Aquella primera reunión de los Illuminati de Weishaup, donde juramentaron entre sí para llevar a cabo sus objetivos, se desarrolló entre la noche del 30 de abril al 1 de mayo de 1776. El año de la Independencia de los EE.UU.
Posteriormente perseguidos, supuestamente detenidos, y como se cree algunos sobreviviendo en las sombras, los Illuminati de Weishaup incorporarán a su causa a poderosas familias, como los Rothschild en Europa y el clan Rockefeller en los EE.UU. Una lista de nombres muy conocidos, en la que figuran importantes científicos, militares, empresarios, dueños de medios de comunicación, banqueros, políticos, y hasta presidentes, se han venido vinculando con esta supuesta sociedad secreta que se ha enquistado, cual tumor maligno, en los lugares más impensables. Quizá por ello el político alemán Walter Rathenau (1867-1922) afirmó que: |
“Trescientos hombres, cada uno de los cuales conoce a los demás, deciden los destinos del mundo y eligen a sus sucesores”(6).
¿Esta sociedad secreta podría estar vinculada a los trágicos momentos del 11-S? ¿Con qué intención? A decir del importante investigador español, Andreas Faber-Kaiser(7), Philip von Rothschild, un “Illuminati declarado”, expusó en EE.UU., el 1 de agosto de 1972, la “planificación de la historia” a partir de 1980. Su indicación, como si se tratase de un acertijo, fue:
“Cuando después de esa fecha vean apagarse las luces de New york, sabrán que nuestro objetivo se ha conseguido”.
¿Una referencia a los acontecimientos del 11-S? ¿O al desconcertante apagón que sufrió la costa este de Norteamérica el 14 de agosto del 2003?
Sin ir muy lejos, los hoy reconocidos “dibujos premonitorios” del sensitivo argentino Benjamín Solari Parravicini, aluden el 11-S —siempre bajo la interpretación de ciertos estudiosos— como un momento de “oscuridad” para los EE.UU. Quizá ese sea el verdadero “apagón” al cual aludía Rothschild. La psicografía de Parravicini es de 1939:
“La libertad de Norteamérica perderá su luz, su antorcha no alumbrará como ayer, y el monumento será atacado dos veces”.
Las torres gemelas recibieron, ciertamente, dos impactos.
Analizando detenidamente estos indicios, pareciera que aquella sociedad secreta hubiese “planificado” los ataques al Word Trade Center y el Pentágono bajo una clave numérica que podía advertirse en las propias torres cuando se les veía a lo lejos: el número 11.
Puede sonar extraño, pero esotéricamente el número 11 representa el enfrentamiento entre la luz y la oscuridad. No deja de resultar inquietante que los atentados de septiembre del 2001 jugaron en todo el momento con esa clave. Por ejemplo: los ataques a las Torres Gemelas y el Pentágono se produjeron exactamente 11 años después de que George Bush padre declarara la guerra a Irak en 1990. Fue también un 11 de septiembre. Además, muchos nombres vinculados a la tragedia, como “George W. Bush”, “Colin Powell”, “The Pentagon”, o “New York City”, tienen 11 letras. Dicho sea de paso, el estado de New York fue el número 11 en integrarse históricamente a la Unión Americana. Siguiendo con este 11 oculto, lo hallaremos también en el número de tripulantes de los aviones supuestamente secuestrados —ello se advierte al sumar la cifra para reducirla; por ejemplo, en el vuelo de American Airlines iban 65 personas (6+5=11)—; por si todo esto fuera poco, es increíble que la fecha del atentado recuerde el 911, número de “emergencias” de EE.UU. Y encima a todo ello, ese día faltaban 111 días para que termine el año. Y un detalle adicional: el atentado de España —11 de marzo— ocurrió 911 días después del incidente de septiembre del 2001.
¿Todos estos datos obedecen al azar?
Pienso que no.
Lo que ocurre alrededor del número 11 no deja de ser sospechoso. Su mensaje secreto ha desfilado anteriormente, como ocurrió con los 11 jerarcas nazis que fueron condenados a muerte en Nüremberg, haciéndoles subir a un patíbulo que constaba de 11 escalones. Por otro lado, el político italiano Aldo Moro, que apoyó una política diferente para Oriente Medio en contra de la instancia internacional, se encontró con la fatídica clave numérica cuando es secuestrado y asesinado por las Brigadas Rojas con 11 tiros. Lo cierto es que el número 11, como cualquier otro, no es maligno en sí mismo, sino que “alguien” lo emplea manipulando su significado para dejar su “firma”.
Illuminaten, el nombre original en alemán de los Illuminati, tiene, también, 11 letras.
Esta trama conspiratoria —que antes del 11-S se hubiese considerado ridícula— cobra mayor fuerza cuando nos hallamos ante una correspondencia insólita que se conserva en la biblioteca del Museo Británico en Londres. Se trata de cartas que se cruzaron en el siglo pasado Albert Pike y Giuseppe Mazzini, dos presuntos miembros de los Illuminati. En ellas —y he aquí lo que sacude al más escéptico— se planificaban al detalle tres guerras mundiales…
Las dos primeras ocurrieron tal como lo advertían aquellos manuscritos del Siglo XIX.
La supuesta Tercera Guerra Mundial, permitiría, finalmente —siguiendo las afirmaciones de aquellas cartas—, instaurar un gobierno único planetario, a manos de los Illuminati.
Pero no los Illuminati que se constituyeron en Baviera en 1776.
Los “verdaderos” Illuminati, por lo que hemos venido investigando, serían más antiguos, y no son hombres.
Su origen no sería humano
En nuestra experiencia de contacto aprendimos que hay de todo en el Universo. Y ello involucra civilizaciones extraterrestres que se habrían visto envueltas, aunque suene increíble, en espantosos enfrentamientos estelares, algunos de ellos utilizando la Tierra como “campo de batalla”. Las religiones más antiguas del mundo atesoran leyendas y relatos que describen esta feroz disputa de los “dioses”. Supuestamente, el ser humano, como parte de un Plan Cósmico o “Diseño Divino” de evolución y aprendizaje, se encuentra “en el medio” de un drama antiguo, cuyos orígenes se remontan a la mismísima creación del Universo. De acuerdo a esta información, recibida en experiencias de contacto, el papel del hombre es fundamental por cuanto en él se hallaría la clave de la evolución a través del amor y la fe como herramientas de ascenso espiritual. Se trata de una forma distinta de vivenciar el desarrollo y aprendizaje en este plano, y que permitiría poner fin a la crisis de estancamiento evolutivo que atraviesan diversas criaturas del cosmos. Y he aquí cuando comienzan las conspiraciones: No todas las civilizaciones extraterrestres estás de acuerdo con la misión del ser humano en el concierto de los mundos.
Presuntamente, un grupo de entidades de aspecto reptiloide, procedentes del sistema Rigel de la Cosntelación de Orión, protagonizaron una insurrección ante su desacuerdo con el papel del hombre de la Tierra en el denominado Plan Cósmico. Esas entidades serían los “ángeles caídos” que más de un religión antigua alude. Y lo más inquietante: aquellos seres habrían sido deportados a nuestro planeta quedando atrapados en otro plano o dimensión.
Y desde su “prisión dimensional” han jurado una guerra contra la humanidad, influyendo psíquicamente a los hombres, procurando alejarnos del camino, sembrando por doquier la ignorancia y el caos, alentando guerras y enfrentado a naciones. Aquellas entidades siguen la doctrina de un ser ultraterrestre llamado “Lug” o “Lucifer”, nombre que significa “el que porta la luz”. Así pues, los verdaderos iluminados o “Illuminati” —ya que siguen al “que porta la luz”— son los deportados de Orión que comulgan con la conjura de Lucifer. Los “ángeles caídos”.
Suena tirado de los cabellos. Pero los mensajes recibidos en diferentes experiencias de contacto extraterrestre cuentan esta misma y extraña historia, afirmando, incluso, que los “deportados” han logrado no sólo instaurar poderosas sociedades secretas que sirven a sus objetivos, sino que, además —y esto es tan sorprendente como inquietante— algunas de estas entidades habrían logrado tomar cuerpo humano, y ser ellas quienes dirigen realmente los hilos del mundo, infiltrándose en altas esferas de poder, operando secretamente. Como fuere ―personalmente tomo todo esto con pinzas― los Illuminati de Weishaup, la Orden Negra, o la hoy tristemente conocida “Skull & Bones” (Calavera y Huesos) donde estaría vinculada la familia Bush(8), son sólo títeres de una conspiración no humana que a través de ellos “corporiza” sus intenciones de hundir al mundo y su misión en el Universo. ¿Será esto posible? ¿Acaso no resulta alocado e irracional? |

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Como decía al principio de este artículo, algunos autores modernos, como el británico David Icke(9), afirman que existe un supuesto linaje reptil de origen extraterrestre y que hoy en día se ha colocado en poderosas posiciones de control en el mundo. Aunque no comparto todas estas interpretaciones —donde seres reptiloides “asumen” forma humana y ocupan un sillón presidencial tejiendo los hilos del planeta— lo cierto es que todas estas informaciones encierran una verdad ignorada. Por ejemplo, no pocos investigadores sostienen que en la cultura sumeria, concretamente en sus tablas de arcilla —encontradas en lo que hoy denominamos Irak, a mediados del siglo XIX— se halla el secreto de una raza extraterrestre que visitó nuestro planeta y que se mezcló con seres humanos. Con ello se hace alusión a un episodio que harto conocido como controvertido: la extraña presencia de los Annunaki. De lo que no hay duda es que con la invasión de las tropas anglo americanas a Irak, esas importantísimas tablillas, miles de ellas, desaparecieron misteriosamente de los museos, precisamente cuando muchos investigadores se hallaban por publicar el resultado de sus trabajos. ¿Qué se quería ocultar? Probablemente el recuerdo que poseen muchas culturas del mundo sobre la existencia de un “Clan de la Serpiente”, se refiere al grupo de seres reptiloides de Orión que llegaron deportados a nuestro planeta, aunque debo acotar que el símbolo de la serpiente contiene, también, otros significados. En Perú, la serpiente es el “Amaru”, arquetipo de un hombre sabio y elevado, poseedor de los secretos. Obviamente una visión opuesta a la que hallamos en el Antiguo Testamento, donde la serpiente es sinónimo de engaño. Recordemos que a Satanás se le cita en La Biblia como “la serpiente antigua”.
El tema es muy enrevesado, y sólo en la experiencia que me tocó vivir en Egipto (Ver artículo Informe Mintaka) empecé a comprender, “desde dentro”, los intrincados de Orión y el Plan Cósmico…
Los Illuminati, o la “Hermandad Negra” —como se les conoce esotéricamente—, tienen como doctrina la ignorancia. Harán lo imposible por ocultar al ser humano su verdadero origen, identidad y misión. Prueba de ello es que han sabido “influir” en ciertos acontecimientos de nuestra historia para “desaparecer” valiosos documentos, como ocurrió en marzo del 2003 en Irak al hacerse con las tablillas de arcilla.
De existir la Biblioteca de Alejandría, por ejemplo, tendríamos muchas respuestas sobre nuestro pasado. Según Carl Sagan, en Alejandría se guardaba un libro titulado “La verdadera historia de la humanidad a lo largo de los últimos 100.000 años...”. Pero lamentablemente no lo leeremos: Julio César y sus tropas saquearon la ciudad e incendiaron sus casas, destruyendo así los archivos.
César es tan sólo uno de los primeros incendiarios de la lista, ya que en nuevas ocasiones se insistió en quemar la biblioteca. No olvidemos que en su momento ésta albergaba más de 700.000 pergaminos, reunidos de diferentes regiones y culturas; ello se logró gracias al Faraón Evergeta II, que había ordenado que todo libro que llegase a Egipto debiera ser depositado en Alejandría. Este es uno de los casos más tristes, y peor aún, no es el único que registra la historia. Antes del primer incendio de la Biblioteca de Alejandría (año 48 a.C.) encontramos otras lamentables destrucciones.
En el año 213 a.C. el Emperador chino Shi-Hoang-Ti mandó quemar todos los libros antiguos —salvo los que ordenó guardar para su biblioteca personal—; por si esto fuera poco, reunió a 460 escritores que sepultó vivos, advirtiendo a sus homólogos que correrían la misma suerte si es que tenían en su poder alguna tablilla escrita. Esta medida, sin lugar a dudas, obedecía a la ignorancia del Emperador.
Un siglo antes, en el año 330 a.C., Alejandro Magno incendia la Biblioteca de Persépolis. El fuego llegó a consumir los antiguos archivos que, si hubieran sobrevivido a tal acción, nos hubiera brindado una mayor claridad sobre la antigua sabiduría persa.
El Rey Nabonasar no se queda atrás, 747 años a.C. ordenó eliminar las crónicas de la Biblioteca de Babilonia; la misma suerte correrían numerosos documentos antiguos, siendo muy pocos los que fueron rescatados de las imprudentes destrucciones.
Por citar algunos casos más, puedo recordar también la destrucción de: los Libros Sibilinos de los Sacerdotes de Apolo; los antiquísimos textos del Avesta; los manuscritos rúnicos de la civilización Celta; los libros de la Antigua Djudul —la Tebas de Oriente—; los libros Cátaros; los sagrados códices de las antiguas culturas de Mesoamérica, como los Mayas; los Quipus o registros de información de la cultura Inca; los miles de tratados de “ciencias extrañas”,quemados conjuntamente con sus poseedores por la Santa Inquisición; libros de información en general destruidos por el Tercer Reich en 1939; el robo de los manuscritos de Qúmram, entre otros apenantes casos(10).
Todos estos eventos, insisto, podrían estar conectados con esa supuesta conspiración de silencio.
Los Illuminati, pues, no son hombres en realidad, sino que estos sirven a los verdaderos gestores de la más grande conspiración cósmica en contra de la raza humana:
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes...”
La Biblia, Efesios 6: 12
La Luz se impone a la oscuridad
Soy conciente de que las líneas que he escrito contienen informaciones que pueden resultar estremecedoras y preocupantes. Sin embargo, mi intención está muy lejos de pretender transmitir desesperanza o inquietud. Sólo he sentido la necesidad de resumir, muy brevemente, ciertos datos sobre ese presunto gobierno oculto negativo del planeta para comprender el momento extraordinario e importante que estamos viviendo como raza humana. No debemos preocuparnos. Si no tuviésemos el potencial suficiente para lograr los designios espirituales que pesan sobre el hombre, no existiría la oposición. La importancia de todo cuanto estamos haciendo se mide por la intensidad de las dificultades. Y sé en mi corazón que estamos inclinando la balanza hacia la luz.
Como nos suelen decir los Guías extraterrestres: “No es que haya más mal en el mundo, lo que sucede es que el mal está mejor publicitado”.
Así como existe la noche, existe el día, la luz. Debo mencionar que en nuestro planeta está operando un conjunto de sabios que constituyen una hermandad de luz o “Hermandad Blanca”, cuyo origen, también, es cósmico. Ellos fundaron en el desierto de Gobi, hace miles de años, una ciudad intraterrena, citada una y otra vez en las leyendas tibetanas bajo el nombre de “Shambhala” (“El Lugar de la Paz”). Desde sus diferentes monasterios subterráneos hoy diseminados en el mundo, se hallan trabajando por la paz mundial y la elevación de la conciencia humana, esperando el momento de la decisiva victoria de la luz por sobre las tinieblas. Aguardan ese día del “Anrrom”, o “gran claridad”, desde hace siglos. Asimismo, en sus Retiros Interiores, aquellos guardianes protegen diversos archivos de conocimiento que lograron rescatar en los momentos más dramáticos de nuestra historia. En un futuro, lo entregarán al hombre.
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Y lo más importante: muchos seres humanos —no puedo omitir mencionarlo— son parte de esta “Hermandad Blanca”. Con cada acción de amor, con cada pensamiento de paz, con cada sincero paso en busca de la Verdad, el aspirante se va iniciando en el sendero que demarcaron aquellos Maestros secretos. Las referencias a ellos son abundantes. Las he descrito en mis anteriores libros, incluso las experiencias de contacto que afrontamos en lugares tan increíbles como Paititi, el lago Titicaca o la Cueva de los Tayos. En estas expediciones —que nos permitieron penetrar en el misterio de los Retiros Interiores— sentí con intensidad la poderosa emanación de la luz, aquella que siempre prevalece sobre las tinieblas. |
El mensaje que pretendo dejar es que no estamos solos. Una miríada de seres de luz está acompañando nuestros pasos. Ellos confían y creen en nosotros. Ahora lo importante es creer en nosotros mismos y lo que podemos hacer. A fin de cuentas, la verdadera conflagración es interior. He allí la clave.
Si bien es cierto, los seres que nos asisten no suelen intervenir directamente en nuestros momentos más difíciles —como el incidente del 11-S— por cuanto procuran respetar en lo posible nuestro libre albedrío, sí han estado presentes, y no sólo observando. Diversas fotografías y filmaciones —algunas de CNN— muestran una serie de objetos lenticulares próximos a las Torres Gemelas. No todos los objetos eran helicópteros o esquirlas de la estructura dañada de los edificios. Se trataban de objetos perfectamente simétricos, con forma de esfera y de “lenteja”. Si no eran aeronaves nuestras, ¿qué eran? ¿Qué hacían allí? ¿Una inteligencia no humana está observando cada paso de la historia humana?
Sea cual fuere nuestra conclusión sobre todo esto, no hay duda de que muchos acontecimientos, los verdaderos acontecimientos, se hallan detrás de lo que creemos ver en esta “Matriz” que nos envuelve y nos aleja de la verdad y de nosotros mismos.
En un próximo artículo profundizaremos todo esto…
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1 “La Gran Impostura”, Thierry Meyssan, La Esfera de los libros, Madrid, España (2002).
2 “11-S, Historia de una Infamia”, Bruno Cardeñosa, Ediciones Corona Borealis, Madrid, España (2003).
3 “Hitler ganó la guerra”, Walter Graciano, Editorial Sudamericana, Buenos Aires (2004).
4 Ver: http://www.aztlan.net/sstein2.htm
5 “Illuminati”, Paul H. Koch, Editorial Planeta, Barcelona, España (2004).
6 A principios de siglo, la concentración de riqueza y del poder político llevó a decir a Walter Rathenau una cosa semejante, y con conocimiento de causa. Según él, las concentraciones del capital de ese grupo élite se hallan no sólo en EE.UU., sino en países como Francia, Reino Unido, Alemania y Japón, los cinco países que dominaban la economía mundial a inicios de siglo y que albergan en la actualidad el 90% de las sedes de las 200 primeras compañías del planeta. Walter Rathenau, Neuen Freien Presse, Berlín, 1909.
7 “Pacto de Silencio”, Andreas Faber-Kaiser, Royland Ediciones, Barcelona, España, 1988.
8 Skull & Bones fue fundada en EE.UU. en 1883, como “sucursal” de los Illuminati de Baviera. La vinculación de la familia Bush con esta sociedad secreta pasó al escándalo en 1999 cuando George Bush hijo reconoció pertenecer a esta organización en su autobiografía “A charge to Keep”. Por si ello fuera poco, la conexión con la política de intoxicación de información, relativa a los ovnis, no escapa tampoco a la familia Bush, pues como consta en los memorandums de la USAF, el doctor Vannevar Bush, se hallaba involucrado en el polémico “Majestic 12”, el organismo militar secreto de los EE.UU. que en los años 50 procuró desmentir la realidad de los ovnis.
9 http://www.davidicke.com
10 Estos datos ya fueron citados en mi primer libro, “Los Maestros del Paititi” (Ediciones Luciérnaga, Barcelona), concretamente en el Capítulo IX.
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