El establecimiento de la Hermandad Blanca en la Tierra, ha transitado por tres etapas:
Etapa Estelar: Que involucra la propia fundación de Shambhala en el desierto de Gobi, la denominada “Isla Blanca”, como parte de una misión sagrada que atañe a la protección de la Historia humana y su destino espiritual en el concierto de los mundos.
Etapa Mestiza: Supervivientes de reinos perdidos, como la Atlántida de Platón, habrían constituido la segunda generación de Maestros, llamados mestizos por ser fruto de la unión de razas cósmicas y humanas hace miles de años. Luego de la destrucción de la Atlántida, catástrofe que se recuerda en las leyendas de diversos pueblos como el “diluvio universal”, aquellos “Noes” se refugiaron con los archivos de su avanzada civilización, que no supo conciliar la tecnología con la ciencia del espíritu, generando su propia destrucción que, además, desataría en el planeta entero una suerte de invierno nuclear debido al accidente cósmico que precipitaron (como veremos más adelante, el impacto de dos “lunas” sobre la Tierra). Por esta razón los supervivientes, que se habían mantenido en la luz observando el inevitable ocaso de su cultura, eligieron las oquedades de la Tierra para protegerse y poner a salvo los Anales de las Antiguas Civilizaciones Prehistoricas.
Etapa Humana: Aquellos que han sabido escuchar el llamado de la Hermandad Blanca, empezarán a constituirse en sus mensajeros o emisarios de luz. Hoy, la humanidad está llamada a integrarse a la Magna Obra, y modificar el futuro planetario sobre la base de la fuerza más poderosa que existe en el Universo: el amor.
La Hermandad Blanca está activa, iniciando a los caminantes en su mensaje. Los senderos que conducen a sus Retiros Interiores, son variados y sutiles; sin embargo, ante los “ojos del espíritu”, se trata de un camino claramente definido, y que sólo puede ser transitado por un alma valiente que no tema vencerse a sí misma.