¿Enviados para el gran cambio?
Padres
y maestros de escuela de todas partes del mundo lo han notado:
los niños de hoy parecen tener características
fuera de lo común. Guardan mayor conexión
y armonía con la naturaleza, poseen un peculiar sentido
de compasión y comprensión por los demás,
sus sentidos se insinúan más desarrollados,
y tienen una extraordinaria facilidad para manejar elementos
tecnológicos, entre otras habilidades en realidad
notables. ¿Por qué está ocurriendo
ello? ¿Estamos a puertas de una generación
“diferente” que modificará el mundo tal
como lo conocemos?
Niños Índigo
En los
últimos años la denominación “Niño
Índigo”, se ha convertido en una expresión
común cuando se descubre a un niño particularmente
sensible e inteligente, con un brillo mágico en sus
ojos que parece afirmar que no es un pequeño común.
¿De dónde proviene la calificación
“Índigo” para aquellos niños?
Pocos
recuerdan que la parapsicóloga norteamericana, Nancy
Ann Tappe, en su libro Understanding Your Life Through Color
(Comprendiendo tu vida a través del color), publicado
en 1982, ya hablaba de aquella coloración particular
-el índigo- en el aura o cuerpo electromagnético
de ciertos niños. La observación del aura
en ellos permitía detectar sus potencialidades psíquicas
y rasgos de comportamiento más importantes. No obstante,
también se olvida que no es el aura lo que hace al
niño, sino que el aura es el “reflejo”
de lo que uno es. Y probablemente esta situación
es la que ha generado confusiones en la comprensión
de esta nueva generación de pequeños maestros,
independientemente si su aura tiene esa coloración
u otra.
Como
fuere, en la actualidad no hace falta ver el aura para definir
si un niño es “índigo”. Basta
y sobra al constatar que el niño es hiperactivo,
que no quiere estudiar -porque no se adapta al sistema de
educación-, y que prefiere estar sentado todo el
día en la computadora. Esta imagen, si bien es cierto
tiene una explicación racional en relación
a este tema, dista mucho de los primeros relatos de niños
que se consideraban excepcionales porque a muy temprana
edad podían tocar diversos instrumentos musicales,
aprender distintos idiomas y, por si fuera poco, resolver
complicados cálculos matemáticos mentalmente,
sin ayuda de elementos electrónicos, sin contar siquiera
con un lápiz y papel. En aquel entonces no se les
llamaba índigo, sino “genios”. Y obviamente
estos casos no eran tan frecuentes como el que ahora abordamos.
Según
Gabriel Sánchez, en su documentada obra: Niños
Índigo: ¿Cuál es el mensaje?, las características
de un niño índigo generalmente aceptadas son:
- Abordan los procesos
ejecutivos de la tecnología y el pensamiento
en general con destreza intuitiva: van a lo esencial
- Tienen una gran
energía y son incansables (algunos duermen pocas
horas) procurándose tiempo extra para incorporar
conocimientos, según aseguran quienes los tratan
con frecuencia.
- Se muestran comprensivos
cuando reciben explicaciones y se rebelan ante el simple
autoritarismo proveniente de sus padres, de sus educadores
o de la sociedad en general.
- Rechazan la carne
de cualquier animal y los alimentos excesivamente elaborados.
- Comprenden más
rápidamente que otros niños de su edad
las trampas del consumismo y de las modas.
Al margen
de estas características “índigo”,
no hay duda que los niños de hoy son “distintos”,
no en vano diversos especialistas en psicología,
educación o espiritualidad, se encuentran intensamente
abocados en comprender este fenómeno, cuya trascendencia
es mayor de lo que imagina el lector.
Niños
diferentes son sinónimo de una humanidad distinta
en el futuro.
Partiendo
de las características habituales de los “nuevos
niños”, podemos soñar con ese mundo
mágico donde los hombres viven en armonía
entre ellos y su entorno. Pero un momento. ¿Dijimos
hombres y no niños? He allí el punto. Al crecer
y volvernos adultos, podemos perder u olvidar aquellos rasgos
espirituales, ya sea por presión del entorno o una
educación desacertada.
Por
ello el interés de los especialistas.
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Por
otra parte, científicos cómo Fritjof Capra,
Rupert Sheldrake, o el propio Albert Einstein, hablaron
abiertamente de un cambio importante en la humanidad. Ello
no sólo señalaba probables descubrimientos
en nuestra estructura genética, sino en la capacidad
de desarrollo extrasensorial, como la telepatía o
transmisión de pensamiento a distancia. Los niños
de hoy son muchas veces protagonistas de hechos insólitos,
como el “tararear” la canción que estábamos
pensando, dirigirse al teléfono antes que este suene,
o inclusive anticiparse a ciertos acontecimientos que pueden
suceder en corto o mediano plazo en la familia. ¿El
hombre del futuro dominará estas facultades?
Los
niños índigo, sin duda, estaban siendo aguardados.
Un ejemplo
claro de ello fue la labor del místico austriaco
Rudolf Steiner (1861-1925), padre de la Antroposofía,
quien diseñó una metodología más
acertada de educación para los niños, como
por ejemplo no enseñarles a “memorizar”
-como se hace habitualmente en el sistema tradicional de
educación- sino a “pensar” en la información
de estudio. Ello involucraba concentrarse no sólo
en los aspectos superficiales de la información,
como: “El color del uniforme del General San Martín
fue azul, y ayudó a que Perú lograse su independencia
en 1821”. Sino en invitar a que el niño reflexione
también en el propósito más profundo
de los procesos. Volviendo al ejemplo anterior, preguntarse
porqué San Martín decidió ayudar al
Perú, porqué es importante la independencia
de un país, qué hubiese ocurrido si San Martín
no hubiese cruzado la cordillera de los Andes, etc.
En Ginebra,
Suiza, visitamos una de estas escuelas. Allí comprobamos
con qué alegría los niños encaraban
sus estudios, denotando un gran desarrollo intelectual.
El corolario fue escuchar una magistral ejecución
de violines y piano a manos de estos sensibles pequeños
que siendo concientes de su preparación, se mostraban
humildes.
Al otro
lado del mundo, en Perú, en el valle de Urubamba
(Cusco) visitamos también Samanahuasi, el centro
espiritual que dirige Don Antón Ponce de León.
Allí conocimos a Inti y Atón, dos niños
por demás especiales, según recordamos no
tenían más de 5 o 7 años en aquel entonces,
y atendían a la gente enferma a través de
la imposición de manos. Y los resultados eran extraordinarios…
Estos
niños, abandonados, eran acogidos por Don Antón,
quien les ofrecía con su esposa Regia cariño
y una educación “diferente”, basada en
la meditación y el amor a la naturaleza. Nosotros
visitamos este centro en 1995, y por lo que sabemos este
continúa con sus actividades.
El mensaje
es que si formamos espiritualmente a los niños, en
el futuro serán hombres espirituales.
Quiénes son, qué hacer [Subir]
En este
artículo no es nuestra intención desvelar
la identidad de los niños índigo. No podríamos,
por cuanto su procedencia es múltiple. Si el lector
considera la reencarnación como una posibilidad,
los niños índigo podrían ser espíritus
que evolucionaron a lo largo de vidas sucesivas, y que hoy
vuelven a tomar cuerpo para generar las bases de una nueva
generación. Y si aceptamos que no estamos solos en
el Universo, podríamos, quizá, hallarnos de
cara a espíritus de procedencia estelar, que no sólo
encarnarían en la Tierra para ayudar en el proceso
de elevación a una dimensión superior, sino
que, con su presencia aquí, en tan significativo
momento, ellos también se estarían ayudando
a evolucionar.
Es como
si nuestro planeta fuera un “mundo escuela”
en donde se deben reunir diversos alumnos para rendir un
examen de grado o “test” importante. Muchos
no tienen duda de ello, e incluso se piensa que esta situación
cósmica podría explicar la sobrepoblación
mundial actual. Muchas almas han llegado a nuestro planeta
bajo un propósito.
Al margen
de que existan niños “índigo”,
“cristal”, o “estelares”, lo cierto
es que nos hallamos frente a una generación distinta
y especial, y aunque no lo comprendemos racionalmente, sentimos
que algo increíble y extraordinario se está
gestando.
La psiquiatra
norteamericana Doreen Virtue, especializada en el área
infantil, sugiere el siguiente decálogo dirigido
a padres y educadores:
- Trate a los niños
con respeto, honre su existencia en la familia.
- Déles la
oportunidad en todo.
- Nunca los desprecie
ni los haga sentir pequeños.
- Explíqueles
siempre el porqué. Si les da instrucciones, no
use la frase “porque yo lo digo”, corrija
la instrucción; ellos lo respetarán si
lo hace, pero si les da órdenes sólidas
y en forma dictatorial, los niños lo harán
a un lado.
- Conviértalos
en sus socios en su propia crianza. Piense bastante
este punto.
- Desde la temprana
infancia explíqueles todo lo que está
haciendo; ellos no le entenderán, pero su conciencia
y el hecho de que los esté honrando se hará
sentir. Esto es una ayuda muy eficaz para cuando ellos
empiecen a hablar.
- Si surgen problemas
serios, como hiperactividad y desorden de la atención,
escuche distintas opiniones antes de suministrar cualquier
tipo de medicación.
- Proporcióneles
seguridad cuando les brinde apoyo. Evite críticas
negativas.
- Hágales
saber que siempre los apoya en sus esfuerzos.
- No les diga quiénes
son ellos ahora o quiénes van a ser más
tarde; ellos lo saben mejor que usted. Déjelos
decidir lo que más les interesa: estos niños
no van a ser seguidores de nadie.
Hace 2000 años, Jesús -para algunos el “niño
índigo” por excelencia- sugería “ser
como niños”.
Probablemente, aprendiendo de ellos
despertaremos al nuestro. Estemos atentos.
Textos
de interés: Niños Índigo, de Gabriel
Sánchez, Deva´s de Longseller, Buenos Aires,
2002
Vengo del Sol, de Favio Cabobianco, Longseller-Errepar,
Buenos Aires, 1992
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