El terremoto en Haití ha encendido nuevamente la polémica. ¿Un evento natural o una catástrofe generada por tecnología militar, tal y como sugirió el controvertido presidente venezolano Hugo Chávez? ¿Por qué este tipo de desastres parecen golpear a los pueblos más pobres y olvidados de la Tierra? ¿Acaso no es suficiente con toda la miseria que han venido enfrentando? ¿Y por qué la ayuda internacional parece, a veces, más una ocupación militar que una asistencia humanitaria?
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Son las preguntas que todo el mundo se hace. Personalmente he recibido decenas de e-mails consultando si fue HAARP, la presunta arma climática norteamericana instalada en Alaska, la causa del desastre de Haití. Desde luego, tendría que ser un tipo despistado, rozando incluso la ingenuidad, para pensar que proyectos como HAARP no existen y que no pueden hacer estas cosas. Sin embargo, me inclino a los cambios planetarios y no tanto a las teorías conspirativas como la causa principal de estos hechos que conmueven y no dejan a nadie indiferente. En nuestra experiencia de contacto extraterrestre se nos advirtió sobre estos cambios. Cambios que vendrían acompañados de una gran cantidad de información liberada desde todos los frentes y que podría modificar drásticamente nuestra visión del mundo, de la “realidad”, y de quiénes somos. Más allá de estos mensajes, sólo observando los acontecimientos se puede deducir que año a año iremos viendo más cosas, increíbles e intensas, pero con un final (o “comienzo”, mejor dicho) positivo y luminoso.
Haití ha disparado las alarmas. Se suma a otros eventos planetarios recientes como el tsunami de Indonesia, el huracán Katrina, el terremoto de China o Perú, o las olas de calor e inundaciones en Sudamérica y los inviernos crudos en Europa. No hace falta ser “psíquico” o “contactado” para comprender que al mundo le está ocurriendo algo. Sólo hace falta abrir los ojos.
No pienso analizar aquí los detalles del terremoto de Haití. El tiempo pondrá en conocimiento de la gente lo que se deba saber. Lo que siento que debemos hacer ahora es solidarizarnos con la gente de Puerto Príncipe. Las discusiones sobre HAARP, las profecías mayas, o los portales hacia la cuarta dimensión, pueden esperar.
No dejemos de enviarles nuestros mejores pensamientos y oraciones. Estamos viviendo la mayor prueba de la humanidad.
Ricardo González
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