los Ovnis existen
y son extraterrestres.

Dr. Joseph Allen Hynek
Astrónomo norteamericano, el “padre” de la ufología.
ARTICULOS
Historia Ignorada / Mayo 2017
Amatlán-Tepoztlán: un vórtice en México

Corría el mes de febrero de 2017. Unas ciento treinta personas nos congregamos al norte del estado mexicano de Morelos para participar de un taller de meditación, en medio de las montañas de Amatlán-Tepoztlán. Hacía varios años que no visitaba la zona. Confieso que había quedado maravillado del parecido de estas montañas con las caprichosas figuras de piedra en la meseta andina de Marcahuasi, en Perú; también me resultaban parecidas a las formas de Los Terrones o del Cerro Uritorco, en las sierras de Córdoba, Argentina. Y amén de otros tantos lugares. Desde luego, no creo que por “casualidad”. Todos esos santuarios de piedra atesoran viejas leyendas que los define como “moradas de los dioses”. ¿Tendrá ello alguna relación con las “luces cósmicas” que se reportan en estos enclaves?

Foto de Amatlán desde un drone, por Fernando López. 

Recuerdo que me hice esta pregunta cuando contemplaba el valle de Tepoztlán desde lo alto del Tepozteco (2.300 mt.). En su cumbre se levanta una pirámide, cual vigía silenciosa de los más de catorce mil habitantes del pueblo. Los lugareños piensan que esta edificación no tenía el propósito de ser una fortaleza, sino un templo que marcaba un lugar sagrado.

Volver a estas tierras, pues, fue muy especial para mí. Vengo siguiendo su misterio desde que las descubrí por culpa del libro “El Valle Sagrado de Tepoztlán”, de Daniel Ruzo. El recordado investigador esotérico peruano, alto grado masón y especialista en las polémicas profecías del rosacruz francés Nostradamus, había comparado la zona de Amatlán-Tepoztlán con Marcahuasi. De hecho, Ruzo fue el principal difusor del bosque de piedras peruano en los años cincuenta. Su hijo, Daniel Jr., que también partió y fue un buen amigo, me aseguraba en las inolvidables tertulias que sostuvimos en Lima que “tanto en Tepoztlán como en Marcahuasi hay túneles secretos que construyeron los supervivientes de la última destrucción planetaria…”. Ruzo, pues, estaba convencido de la existencia de la Atlántida y otros mundos sumergidos, y de la silenciosa misión de sus remanentes en el reino subterráneo.

Daniel Ruzo en Lima, durante una entrevista con el recordado Dr. Fernando Jiménez del Oso (Foto del artículo publicado en la revista Enigmas de España).

En el taller que ofrecí en Amatlán compartí con el nutrido grupo de viaje estas investigaciones y su relación con el fenómeno ovni, tan frecuente en esas sierras como en el Uritorco. No en vano, seres de similar naturaleza a los que se han comunicado con nosotros en la Argentina lo hicieron en Amatlán, durante una práctica de contacto por la noche del 25 de febrero.

Para tal fin elegimos un lugar especial que nuestra amiga y colaboradora en México, Débora Mabama, había hallado con gente local en un predio privado. Allí encontramos hoyos ceremoniales y piedras sagradas, como las que se pueden ver en otros centros de poder en el mundo. Ese fue el marco de nuestra meditación de contacto.

Con el gran grupo de viaje que se congregó en Amatlán.

Camino al lugar de poder.

Los hoyos ceremoniales de Amatlán, que tanto recuerdan los de las sierras de Córdoba.

Antes de la comunicación varios miembros del grupo habían visto luces anómalas en el cielo nocturno, y no pocos pudieron captar con sus cámaras extraños fenómenos, como orbes y destellos. El caso de Adelina Ayala de Estados Unidos fue muy especial porque logró captar, a pleno día, la presencia de un objeto discoidal de aspecto metálico. No estábamos solos.

La foto de Adelina Ayala.

 

Por su importancia, comparto a continuación el mensaje psicográfico que recibí:

 

Amatlán-Tepoztlán, México, 25 de febrero de 2017

 

Habitamos este lugar pero en tiempos distintos. Nos conectamos con ustedes en donde las ventanas convergen. Nuestros impulsos telepáticos pueden ser articulados como frases, palabras, que el cerebro humano organiza. Es un mensaje. Nos estamos comunicando.

No disponemos de un cuerpo físico, de corporeidad, pero somos reales. Coexistimos con el hombre. En este tipo de centros de convergencia nos podemos manifestar. Al vernos nos llaman “luces” o “entidades de luz”. Ciertamente somos energías concientes que pueden adquirir forma humana y presentarse así para interactuar. El código Irdin que nos define es Arimanai. Nos pueden hallar en los nodos, que ya conocen. Ahora, les damos la bienvenida. En la medida que tengan conciencia del lugar como caminantes, podrán ingresar a estos estados y recibir sabiduría. Y revelar tareas que han sido diseñadas para cada ser.

Estas tierras que llaman México son sagradas. Reúnen numerosos “lugares ventana”. A sus habitantes les decimos que no deben inquietarse por los momentos que están viviendo. Por las pruebas y aprendizajes.  Porque todo ello contribuye a la realización del ser. México abre el redescubrimiento de su historia y legado. Fortalecerá sus movimientos espirituales, y todo aquello que impulse la conciencia de la Paz. Los ojos del mundo miran hacia estas tierras debido a ciertos acontecimientos y tensiones; una oportunidad para enseñar con el ejemplo. El rol cósmico de México se está reiniciando. Acudan a los lugares de poder y conecten con nosotros. Aquí (Amatlán-Tepoztlán), es un buen escenario para los encuentros.

Nos presentamos como guardianes de estos retiros que, tras la roca, los aguardan. Estamos comenzando algo nuevo. Sean pacientes que se hallan en un momento de siembra. Como suelen decir, luego verán como todo germina. La flor será en ustedes. Y nosotros estamos unidos a ello. Son seres de luz dentro de un vehículo físico.

La Paz y la conciencia de la vida es lo que nos une.

Arimael, Amirutuk y Erasim.

 

Luego del mensaje charlamos muy animados sobre su contenido, que era similar a otras recepciones que se dieron esa noche. La comunicación había sido clara. Ahora restaba comprender la importancia de estos nodos de fuerza y la naturaleza de sus guardianes de luz, que no necesariamente son seres extraterrestres actuando en vehículo físico. También quedaba claro que sus “nombres” o “denominaciones” son solo aproximaciones a como vibran, una suerte de código de luz-sonido. A esa “lengua cósmica”, como ya lo he explicado antes, se la conoce como Irdin.

Compartiendo la experiencia de Amatlán en otros países, muchos me preguntaron si esa suerte de “código” que surge en las comunicaciones con extraterrestres o seres de energía es patrimonio de los fenómenos del Uritorco. Desde luego que no. Ya he dicho que estos “códigos” se conocen en el contactismo desde los años cincuenta. Me enteré de ellos en el Grupo Rama, en Perú, cuando investigué las recepciones psicográficas de los años setenta. Como muestra de ello, comparto aquí dos imágenes de mi archivo de investigación.

El mensaje es que estos lugares de poder, sea Amatlán-Tepoztlán, el Cerro Uritorco, Marcahuasi, Monte Shasta, Monserrat o el Monte Belukha, entre tantos otros, están ingresando a una nueva etapa de adiestramiento y preparación para el “auto-convocado”. No es, de ningún modo, buscar afuera lo que llevamos dentro; es encontrarnos adentro y resonar con los lugares “espejo” para acompañar a la Tierra en su proceso gradual de transformación. “Acudan a los lugares de poder y conecten con nosotros”, nos dijeron en Amatlán. Es así porque nos hallamos en tiempos de recordar. Pero ese recuerdo no será antes de vernos a nosotros mismos.

Ya volveremos a México. Hay mucho por hacer…

Ricardo González y su esposa Sol en la cumbre del Uritorco.

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