(Viene del Artículo
anterior) Ver
segunda parte.
Cada experiencia que he
enfrentado con los Guías extraterrestres ha sido diferente.
Tanto en su naturaleza como en los alcances de la información
recibida. Desde luego, en estos encuentros pude ir comprendiendo
que la dinámica de los contactos programados seguía un derrotero
“estratégico”. Hablo de la información. En un inicio sus
mensajes eran simples y de carácter global, tanto en lo
que atañe a sus intenciones, proceso, historia cósmica,
y el probable destino de la Tierra dentro del orden de un
Plan Cósmico. En las últimas experiencias que enfrenté,
como la vivida en marzo de 2003 en Egipto (Informe Mintaka)
y este encuentro cercano en Tierra del Fuego, las revelaciones
dieron un giro de 180 grados. Kayona se transformaría en
una pista poderosa para comprender muchos de los episodios
que habíamos conocido anteriormente sobre la historia extraterrestre
y su vinculación con el ser humano.
Una necesaria
introducción: la naturaleza del contacto
Como decía
líneas arriba, los encuentros programados con los
Guías extraterrestres siguen una coherencia de revelaciones.
En medio de este proceso se descubren diferentes metodologías
de contacto, y en su aporte, fragmentos de una historia
cósmica que va siendo compartida de a pocos, denotando
un gran interés por parte de estos seres en que comprendamos
esa información. Es lógico por cuanto esa
historia, el denominado “Plan Cósmico”,
es el eje de todo.
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Las experiencias siempre fueron
distintas, a pesar que la metodología de
acercamiento más usada por ellos fueron los
xendras o puertas dimensionales —generadas
con su tecnología sobre la base de la concentración
de la luz—. No obstante, tampoco escatimaron
en hacerse presentes, físicamente, en salidas
a terreno. Ellos pisaron el desierto peruano de
Chilca y la meseta de Marcahuasi en los andes. También
descendieron en algunas ocasiones con sus naves,
y en otras, a algunos de nosotros, nos condujeron
al interior de ellas.
A pesar de no haber sido una
experiencia física, sino una suerte de “traslado”
espiritual a las lejanas estrellas del Cinturón
de Orión, la vivencia que enfrenté
en la Gran Pirámide resaltó por su
aporte e información, que remeció
desde los cimientos a muchos, incluyendo a nuestros
propios grupos de contacto.
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Muchas veces, cuando
alguien afirmaba haber enfrentado una experiencia de contacto,
el interlocutor le consultaba a boca de jarro: ¿Fue
física?, como si la importancia de la experiencia
dependiese de la naturaleza del fenómeno. No en vano
hemos constatado que cuando nos cuesta aceptar una experiencia
que se dio “materialmente”, terminamos por catalogarla
de “astral” o “espiritual” para
poder digerirla mejor. Para aceptarla. Para creer en ella.
De hecho el problema no es cómo se dio la experiencia,
sino nuestro punto de vista. Más aún al descubrir
que nuestro concepto de “realidad física”,
es limitado y ambiguo.
Reflexiono en estos conceptos porque en diversas ocasiones
el fenómeno que envuelve el contacto podría
distraernos del real propósito de las experiencias:
transmitir un conocimiento. Es
verdad que debemos discernir las cosas y hablar con propiedad
sobre lo que vivimos y enfrentamos, pero sin que ello signifique
perder de perspectiva la trascendencia de las revelaciones.
Como dije, la experiencia de Egipto (ver
artículo “Mintaka”) no fue física,
pues mi cuerpo biológico quedó tendido durante
todos esos minutos al interior del sarcófago mientras
yo me “hallaba” contemplando una poderosa historia
extraterrestre en Orión. Pero esa revelación
fue lo suficientemente contundente como para tomar en serio
la vivencia en la Gran Pirámide. Hoy comprendo que
esa historia que “vi y sentí” en Orión,
guarda una importante conexión con Kayona: la piedra
que me mostró Joaquín estaba relacionada a
una antigua conflagración extraterrestre que conocemos
bajo el nombre de “La Guerra Antigua”.
Es en extremo difícil aceptar que avanzadas culturas
extraterrestres se hayan involucrado en terribles enfrentamientos.
El pensamiento humano dice que ello es imposible, pues antes
se hubiesen destruido. O peor aun, debido a su avance evolutivo,
resulta contradictorio de que criaturas inteligentes hayan
llegado a ese punto de belicismo violento.
Lo cierto es que algo
ocurrió con estas civilizaciones. Sin ir muy lejos,
el ser humano ha afrontado miles de batallas a lo largo
de su existencia en la Tierra. Y ello, aunque no deja de
ser un peligro inquietante para su propia existencia, no
ha impedido que avance tecnológicamente desde la
Edad de Piedra hasta la Era de las supercomputadoras y los
vuelos espaciales. ¿Pero hasta dónde más
es posible llegar si aún existe esa tendencia bélica?
Todos los contactos
han buscado familiarizarnos de alguna forma con “ellos”.
De hacernos comprender ciertos aspectos de una historia
cósmica que nos involucra como proyecto o alternativa
de la evolución global. Desde la naturaleza de las
experiencias (que no dejan de constituirse en una herramienta
de adiestramiento para comprender otras “realidades”)
a las informaciones que ellos eligen compartirnos. Algunas
de ellas, confieso, en un principio me chocaron. Como por
ejemplo las que involucraban a la persona de Jesús.
Alguna vez me dije:
¿Y si hubiese nacido en el seno de una familia musulmana,
me habrían hablado de Jesús?
Hoy pienso
que sí.
Quizá hubiesen
elegido otros elementos para hacerme comprender, pero lo
cierto es que algunos personajes de la historia terrestre
son más que importantes dentro de aquella historia
cósmica, al margen de la existencia de las religiones
y de la fe humana. Quizá el problema estriba en la
forma como fuimos educados, los paradigmas que tenemos,
nuestra particular visión del mundo.
Por esta razón
todo lo que involucre el contacto extraterrestre rompe nuestra
estructura de creencias y conocimientos.
Kayona no será
una excepción, pues una leyenda maravillosa del mundo
cristiano, parece guardar un vínculo secreto con
una historia perdida en el Cosmos.
Los Exones, Lemuria y Kayona
La forma como fui “trasladado” a Kayona
fue diferente. Aunque en algunos aspectos asemejaba una
proyección xendra, la naturaleza de aquella puerta
dimensional difería de lo que conocimos. De acuerdo
a lo que nos transmitieron los Guías extraterrestres,
en determinadas ocasiones, y en ciertos lugares donde se
unen poderosas líneas de fuerza, se forma una “singularidad”,
una suerte de acupunto energético que la Hermandad
Blanca intraterrena utiliza para “crear” accesos
dimensionales.
Aquellas líneas
de fuerza corresponden a los conductos energéticos
del planeta, que van más allá de lo
telúrico, por cuanto existen una serie de
hilos invisibles que envuelven el globo en una red
compleja de interconectores, todos ellos transmitiendo
impulsos electromagnéticos, como si se tratase
de una red neuronal humana hecha a escala planetaria.
Donde convergen estas fuerzas suelen hallarse los
Retiros Interiores de los Maestros de la Hermandad
Blanca, y probablemente más de una instalación
o base extraterrestre. Muchas culturas del mundo
antiguo las conocieron y sobre estos puntos de poder
edificaron templos, pirámides y obeliscos.
Estas puertas
potenciales, asentadas sobre el pulso energético
del planeta, son llamadas por ellos “exones”.
El 12 y la
madrugada del 13 de diciembre un exón había
sido “abierto” cerca de la orilla del
Canal Beagle, en la Bahía Lapataia (Tierra
del Fuego).
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Yo lo había
cruzado sin verlo físicamente; sin embargo, mis percepciones
del lugar donde “aparecí” de pronto,
eran claras y “materiales”. Por ejemplo, sentí
el calor abrazante de aquella playa de finas arenas, donde
se hallaban aquellos extraños hombres pescando. Hoy
sé que aquella imagen me estaba transmitiendo los
inicios de la cultura lemuriana, en una etapa primaria en
la que aún no habían desarrollado tecnología.
Se me quiso transmitir la simpleza y la paz de aquellos
hombres de raza negra e importante estatura, antes de mostrarme
una imagen deslumbrante de Kayona, que en sus orígenes
fue una ciudad fundada por los propios lemurianos.
Las primeras visiones
que enfrenté al cruzar la puerta, fueron básicamente
eso, visiones, pero cargadas de información pues
los Guías me hicieron sentir muchas cosas, desde
el “clima” de aquella playa a la sensación
de abandono de la ciudad instantes previos de la hecatombe.
Todo ese tiempo me había hallado físicamente
al interior de un gran salón en la propia Kayona
y en tiempo “presente”, ubicado frente a aquella
piedra misteriosa y ante la presencia del Maestro Joaquín.
Esa piedra o esmeralda con forma de copa pentagonal, por
alguna razón, había sido la responsable de
estas primeras visiones que involucraban los orígenes
de Kayona mientras me hallaba allí de pie, antes
del diálogo con Joaquín. La piedra había
recreado toda esa información a través de
una suerte de realidad virtual en proyección.
Comprendí que
la zona donde se había asentado la cultura lemuriana
(sur oriente de África y Madagascar, Océano
Indico) se tornó inestable por una cadena de movimientos
sísmicos. Ello les empujó a explorar el mundo.
Inicialmente viajaron hacia el este y allí transmitieron
su sabiduría. Fue de esta manera como nació
lo que algunos escritores denominan “Mu”, en
el pacífico sur.
En aquellos tiempos,
el entorno geográfico terrestre era distinto. La
actual Antártica se hallaba ubicada a la altura que
hoy ocupa la patagonia Argentina, y gozaba de un clima estable
y equilibrado. Allí fundaron una ciudad que reuniera
a todas las colonias lemures. Le llamaron Kayona, un nombre
propio de su cultura y que significa: “Todos somos
uno”.
Supe también
que esta ciudad, con el tiempo, sería frecuentada
por visitantes estelares que servían a la denominada
“Confederación de Mundos de la Galaxia”.
Pronto, Kayona se convertiría en un enclave que agrupaba
a diferentes culturas de la Tierra y a colonos de otros
mundos, en una época en que la Tierra recibía
frecuentes visitas extraterrestres.
Con aquella visión
de la experiencia, donde me mostraban Kayona desde lo alto,
sentí que esta inmensa colonia se había constituido
en una ciudad de paz, al punto de estar al margen del proceso
que vivían otras culturas en el mundo como parte
del programa de contacto con la Tierra. Es decir, era una
zona protegida por la propia Confederación.
Los lemurianos la habían
fundado originalmente allí, en las cercanías
de un gran lago, donde acorde a sus leyendas, se había
originado la vida. Y no se equivocaban. Pues la molécula
auto-replicante que mentes extraterrestres trajeron a nuestro
mundo, fue sembrada precisamente allí, hace miles
de millones de años. Probablemente ello motivó
a la Confederación para establecerse donde todo se
había iniciado.
No
obstante, la paz de Kayona sería interrumpida
por la violencia del proyecto atlante. A pesar que
la Confederación sugería una evacuación
al ver que la cultura mestiza del atlántico
estaba por generar una catástrofe planetaria,
los colonos humanos de Kayona se mantuvieron firmes
en permanecer en la ciudad hasta el final de la misma,
tanto por los secretos que protegía y que no
debían ser trasladados a otro lugar, como por
su simbolismo de esperanza y unidad.
“Kayona
fue una ciudad de paz que reinó solitaria en
tiempos del proyecto atlante” |
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En el centro de Kayona
se hallaba la edificación principal, una Gran Pirámide
blanca que era llamada el “Templo del Principio”.
Muchos se reunieron en los subterráneos que se hallan
bajo esta Gran Pirámide momentos previos a la catástrofe.
Eligieron estar allí, bajo uno de los templos más
antiguos de la Tierra; un templo que era respetado por todos,
incluyendo a los visitantes extraterrestres.
Como adelanté
anteriormente, con la catástrofe atlante —que
involucró la caída de dos cuerpos celestes
a la Tierra— nuestro mundo experimentó un violento
e inesperado cambio de eje, que sepultó tierras otrora
templadas bajo el manto de un hielo polar. Kayona quedó
ubicada más al sur, a cientos de metros bajo el paisaje
blanco de la actual Antártica.
Ese momento fue el
que me transmitió otra instancia de la experiencia:
ver y “sentir” cómo el Templo del Principio
se congelaba rápidamente en medio de un terrible
temblor que parecía anunciar un verdadero fin del
mundo.
Los Vigilantes
y el origen de la Piedra de Poder
Dentro de estas primeras
visiones, se me mostró aquella desconcertante escena
donde un grupo de Guardianes y Vigilantes rendían
culto a una suerte de esmeralda, que parecía haber
sido tallada como una copa pentagonal. En la experiencia
de contacto supimos que dentro de la estructura de acción
de las civilizaciones extraterrestres que nos visitan, existía
un grupo de seres denominados “Vigilantes”,
cuya función básica era proteger a los mundos
que aún no se habían integrado a la Confederación.
Este es el caso de la Tierra.
La Confederación
se había formado como una necesidad de intercambio
y equilibrio dentro del Universo conocido, involucrando
a diferentes culturas extraterrestres que buscaban fortalecer
su avance dentro de un orden preestablecido. Con la experiencia
que narro en “Mintaka” —y que detallo
en mi reciente libro “Nuestros Lazos Extraterrestres—,
supimos que el caldo de cultivo para formar la llamada Confederación
de Mundos fue en realidad una terrible conflagración
bélica. Un hecho muy similar al que ocurrió
en nuestro planeta luego de las dos primeras guerras mundiales:
la creación de la ONU.
Los Vigilantes existían
antes de organizarse aquella Confederación como una
necesidad de proteger y preservar la supervivencia de una
determinada civilización extraterrestre. Mas una
vez creada la Confederación, se reorganizó
la acción de los Vigilantes para servir a los designios
superiores del Plan Cósmico.
Como recordamos, la
Tierra es uno de aquellos mundos que portan una nueva especie
que busca solucionar una crisis de estancamiento evolutivo
en el Universo. Durante nuestro proceso de crecimiento y
maduración, teníamos que ser protegidos de
cualquier interferencia violenta que pueda ponernos en peligro.
Fue así que arribaron los Vigilantes.
En un principio se
les permitió tener bases en el planeta. Pero luego
del incidente atlante los Guardianes y Vigilantes serían
concentrados gradualmente en una base orbital detrás
de la Luna, llamada Celea, desde donde continúan
sus funciones de observación y protección
de nuestro mundo.
La escena de ellos
con aquella piedra, que resultaba en extremo mística
más que una acción “militar”,
ocurría en Kayona, que ya estaba congelada por los
hielos. Fue la última vez que los Guardianes y Vigilantes
actuaron en la Tierra. Su acción final fue dejar
aquella piedra en el Templo del Principio.
¿Cuál
es la relación de aquellos Guardianes y Vigilantes
con esa piedra misteriosa? ¿Por qué la respetaban
tanto?
El punto de
conexión es la Guerra Antigua.
Dentro de las revelaciones
de la experiencia de Egipto, se halla la existencia de un
estanque cósmico en la Nebulosa de Orión.
Un estanque cósmico es el lugar donde se destila
la energía de las criaturas vivientes de un planeta.
En el caso de la Tierra, ello fluye sobre la base del espíritu
colectivo de los animales; luego de ese proceso, el alma
de la Tierra “crea” un espíritu individualizado
o esencia humana. Desde luego que hay más de un estanque
cósmico, porque son diversos los mundos que albergan
vida en el Universo.
En el caso de Orión,
estamos hablando de un superestanque cósmico que
se halla al interior de su principal formación nebulosa
(M42). Muchos científicos piensan que nuestro Sistema
Solar se formó de una nebulosa de las mismas características,
hasta el hecho de haber hallado moléculas orgánicas
en Orión similares a las que habrían germinado
en nuestro mundo hace eones de nuestro tiempo. Por si ello
fuera poco, la M42, como la llaman los científicos,
está “creando” actualmente nuevos planetas
y estrellas.
Los extraterrestres
me transmitieron en la experiencia del Informe Mintaka que
dentro de esta Nebulosa existía un gran estanque
cósmico. No me explicaron sobre la base de qué
experiencia o especie se destilan aquellos espíritus
estelares, pero sí me dijeron que llamaban Rah a
aquel fenómeno, como si se tratase de un ser conciente
al cual respetaban.
El origen de la Guerra
Antigua fue Rah o el aspecto sobrenatural de la Nebulosa
de Orión. Como recordamos, seres de la estrella Antares
(Escorpio) se dirigieron al centro de este enigma para estudiarlo,
inquietando de esta forma a las civilizaciones extraterrestres
de Orión, desencadenándose así el conflicto
bélico.
De acuerdo a la Ciencia
de estos seres —que es incomprensible para nosotros—
dentro de las formaciones nebulosas y en el centro de las
galaxias se hallan poderosas puertas dimensionales que unen
nuestro Universo Físico con un Universo Mental. Ellos
hablan de tres planos contenidos dentro del otro: Espíritu,
Mente y Materia.
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El
Universo Físico o Plano Material fue “engendrado”
por el Universo Mental a través de una singularidad.
Los científicos le llaman “Big Bang”
o la explosión que dio origen al Universo conocido.
Los extraterrestres dicen que fue una de tantas singularidades,
pues no somos el primer universo físico creado,
y probablemente no seremos los últimos. Estos
conceptos, que hablan de diversas realidades co-existiendo
en un mismo espacio, pero en diferentes tiempos, hoy
en día están siendo escudriñados
por nuestros científicos a través de
disciplinas como la mecánica cuántica
y la ingeniería revertida.
Ahora bien, hay un proceso que los extraterrestres
aún no han terminado de comprender en su totalidad:
cómo la energía mental se puede hacer
materia. |
De hecho, ellos alcanzaron
a dominar ciertos conceptos que les permitió manipular
la materia y vencer la velocidad de la luz, lograr la desmaterialización
de sus vehículos para salvar grandes distancias en
viajes estelares y hasta desintegrarse ellos mismos sin
perder la conciencia al reintegrarse atómicamente
en el punto de destino. No obstante, comprender cómo
el Universo Mental engendró la materia seguía
pendiente en sus estudios. Fue así como hallaron
lo que denominan “cristalizaciones de la creación”,
un fenómeno que había acompañado la
aparición del Universo Material.
La luz mental, que
no es física, al densificarse para formar más
tarde grandes nubes de gas y polvo, soles y planetas, dejó
algunas evidencias de su naturaleza sobrenatural: pequeños
cristales que condensaban la esencia de esa creación.
Estas formaciones están
hechas de una luz pura y poderosa, una “luz”
que originalmente no era material sino un destello similar
al del pensamiento y que ahora gozaba de una estructura
al haberse corporizado en un universo físico.
Estos cristales tenían
cualidades asombrosas. Fueron hallados y puestos a servicio
de los Guardianes y Vigilantes.
Empero, al interior
de Rah, la Nebulosa de Orión, se halló un
cristal diferente… Totalmente puro e “inteligente”.
Llegó a funcionar inclusive como un oráculo
por sus extrañas capacidades. Rápidamente
adquirió una naturaleza espiritual aun dentro de
la extrema visión científica de los extraterrestres.
No pocos seres llegaron a pensar que se trataba en realidad
de una esencia del Estanque Cósmico de Orión
que no llegó a tomar cuerpo, y que había quedado
en un estado cristalizado. Otros decían que era el
cristal más antiguo de los que se hallaban en el
Universo: la primera evidencia de la creación del
Universo Material.
Como fuere, y luego
de la Guerra Antigua que se desencadenó por pretender
desvelar este misterio, los Guardianes y Vigilantes formaron
una Orden en torno a esa piedra. La cuidaban, la veneraban
y respetaban.
Aquella piedra fue
traída a nuestro mundo por los 32 enviados de la
Confederación que fundaron la Hermandad Blanca terrestre
en el desierto de Gobi. Los últimos miembros físicos
de la orden de Vigilantes, llevaron la piedra al Templo
del Principio de la congelada Kayona.
Debo decir que esa
antigua Orden cósmica no existe más. Sus últimos
componentes dejaron sus cuerpos o envases físicos
en el mismo salón donde hoy en día descansa
la piedra de Orión. Fue lo que vi al lado de Joaquín
durante la experiencia. Y el destino de las esencias que
animaban aquellos gigantes protectores de la Confederación,
no es menos inquietante, pero puedo adelantar que siguieron
cumpliendo funciones similares, incluso en la Tierra. Es
un tema no menos complejo que dejaré para otra ocasión.
Aquella piedra de poder,
tallada como una copa pentagonal y adornada con poderosos
símbolos, emergería al mundo de superficie
en determinadas ocasiones, siempre bajo la supervisión
de la Hermandad Blanca. Por ello decía que esta historia,
inevitablemente, evoca la leyenda del Santo Grial.
¿Acaso
en el Siglo XII no corría como reguero de pólvora
de que el Grial era una “esmeralda” caída
del cielo, concretamente de la frente de Lucifer luego de
una “gran batalla de ángeles”? ¿No
se decía que había sido tallada por los seres
divinos como una copa para ser disimulada y escondida en
el mundo? ¿Estas leyendas tienen alguna relación
con los episodios extraterrestres que hemos visto o es sólo
una coincidencia?
Soy conciente que asociar
la historia de esta piedra cósmica —y que actualmente
se encuentra en Kayona— con la leyenda del Santo Grial,
puede resultar chocante como reveladora. Empero no es mi
intención afirmar que la Copa de Cristo está
en la Antártica. Sólo el tiempo aclarará
ello.
Lo que intentaré
a continuación, es seguir el posible rastro de aquella
piedra o esmeralda venida del cielo y su relación
con la Hermandad Blanca del mundo subterráneo: desde
los incas a los templarios, desde el desierto de Gobi a
Jesús.
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