Hasta hoy en día
las imágenes de aquel fatídico atentado del
11 de septiembre se mantienen con firmeza en la mente de
muchos. Miles de desaparecidos en las Torres Gemelas, una
persecución implacable de los presuntos autores del
siniestro, bombardeos estratégicos en Afganistán
—y muchas veces sin hacer mayores distinciones entre
objetivos civiles y militares—, amenazas químicas
y una posible expansión de esta guerra contra el
“terrorismo internacional” hacia otros países,
como Irak —definitivamente el siguiente punto en la
temible lista negra— son algunas de las primeras consecuencias
de un ataque a la nación más poderosa de la
tierra. ¿Será posible que EE.UU. fuese sorprendido
con un atentado tan dantesco y al mismo tiempo bochornoso
de cara al mundo?
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En este artículo esgrimiremos una inquietante hipótesis que esta circulando: EE.UU. conocía del atentado, y permitió que este sucediese para luego iniciar actos bélicos en Oriente Medio, con la perspectiva de hacerse de las principales fuentes de energía: el petróleo.
Un análisis que nos llevará de la Segunda Guerra Mundial a lo que muchos han denominado “La madre de todas las conspiraciones”. ¿Fuimos víctimas de una mentira |
Pearl Harbor
Cumpliéndose
sesenta años del ataque “a traición”
de los japoneses a Pearl Harbor, lamentable incidente que
fue llevado con éxito a la pantalla grande —posiblemente
la superproducción más importante de la historia
del cine— hemos creído conveniente utilizar
dicho acontecimiento como punto de partida de este artículo.
Para ir al grano y
no extendernos demasiado, diversos investigadores sugieren
que Estados Unidos conocía de antemano el ataque
programado por Japón. Según se afirma, los
espías Richard Sorge y Dusco Popov ya habían
advertido a los norteamericanos del ataque. Y por si esto
fuera poco, como consta en archivos británicos e
incluso en información de inteligencia del Tercer
Reich, Churchill avisó al presidente de Estados Unidos
de un ataque militar japonés para la primera semana
de diciembre. ¿Por qué no actuaron si estaban
avisados? La explicación: Roosevelt deseaba con vehemencia
participar de la Segunda Guerra Mundial. Le inquietaba poderosamente
la participación de la URSS en la contienda y como
posible consecuencia de ello, una expansión del comunismo
en Europa que no se vislumbraba muy atractiva para los intereses
americanos.
Roosevelt habría
“sacrificado” Pearl Harbor para tener
una razón de peso que justificase el ingreso
de Estados Unidos a la guerra, y obviamente con
el apoyo y aprobación del pueblo norteamericano
que se vería conmovido por este ataque supuestamente
inesperado. De hecho, la conspiración mostró
sus primeros signos sospechosos cuando desde Washington
se ordena que los dos portaviones más poderosos
de la flota del pacífico, el Lexington y
Enterprise, fuesen retirados de Pearl Harbor poco
antes de la tormenta nipona. De la misma forma se
procedió con 50 aviones de combate. El ataque
se esperaba.
Luego de este episodio
que ensombreció Norteamérica, se formalizaba
la participación de los Estados Unidos en
la Segunda Guerra Mundial.
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Osama Bin Laden
Cuando la URSS invade
Afganistán en 1979, Estados Unidos nuevamente se
mostró incómodo. El comunismo tenía
una peligrosa influencia en el mundo y éste podría
ser la llave de ingreso a un control mundial por parte de
las potencias que lo alentaban. Al menos ello es lo que
aseguran diversos especialistas en inteligencia, quienes
sostienen además que el entrenamiento de Osama Bin
Laden por parte de los Estados Unidos, para que pudiese
repeler la invasión Rusa, se amparaba en este temor
político y estratégico.
Sea como sea, Bin Laden es entrenado por la CIA, tanto en
lo que concierne a inteligencia como en la provisión
de armamento sofisticado. Al parecer, Estados Unidos olvidó
una regla muy importante en aquel momento: “Cría
cuervos y te sacarán los ojos”. Pero, ¿fue
Bin Laden el verdadero autor intelectual del ataque terrorista
del 11 de septiembre? ¿Cuál es la historia
de este oscuro personaje que hoy en día ocupa las
primeras planas de todos los diarios del mundo?
Séptimo hijo
de un comerciante árabe quien hizo fortuna en el
auge de la construcción, disparado por el boom petrolero,
Osama Bin Laden nació en 1957. Su padre murió
cuando tenía 13 años y su primer casamiento
fue con una prima siria, cuando tenía 17 años.
Su relación con Afganistán comenzó
casi inmediatamente después de la invasión
soviética con un viaje a Pakistán, donde se
reunió con refugiados y líderes de la oposición.
Luego retornó a su hogar y comenzó a recaudar
fondos para la resistencia afgana.
Sabemos que en 1984 estableció un refugio en la ciudad
fronteriza paquistaní de Peshawar, que funcionó
como canal entre los voluntarios árabes y la guerrilla
afgana. Con su fortuna, el siguiente paso fue establecer
campos de entrenamiento militar dentro de Afganistán,
lo que incrementó el número de combatientes
árabes. Arabia Saudita le retiró la ciudadanía
en 1994.
Bin Laden sería el líder y fundador de una
organización terrorista denominada “Al Qaeda”
(La Base). Hay que tener en cuenta que este frente militar
fue establecido con los comandos islámicos que combatieron
a las fuerzas de ocupación soviéticas en Afganistán
en los años 80 —entrenados por la CIA—.
Para pensar un poco más, facciones radicales provenientes
de Egipto, Arabia Saudita, Yemen, otros estados del Golfo,
Afganistán, Pakistán, Cachemira, Argelia y
Marruecos formaron una red dispersa después de la
Guerra del Golfo en 1991, todas ellas vinculadas directamente
a Bin Laden y su causa. Como se aprecia, el tema es muy
complicado.
El
Foco de tensión
Supuestamente, “Al
Qaeda” atrae a musulmanes radicales que buscan regímenes
fundamentalistas en sus países, y participan en la
causa contra Estados Unidos, Israel y los gobiernos musulmanes
moderados. Actualmente, según CNN, se han identificado
o están bajo sospecha células de la red en
todo Oriente Medio y África, en naciones asiáticas
como Malasia y Filipinas, en Ecuador, Bosnia, Albania, Gran
Bretaña, Canadá y Estados Unidos. Diversos
analistas sostienen que “Al Qaeda” está
compuesto en su mayoría por egipcios y se supone
que la organización tiene unos 3.000 miembros, quienes
se comunican a través de teléfonos encriptados,
correo electrónico y otros métodos más
seguros. También realizan largos viajes para entregar
mensajes personalmente.
Ahora bien, al margen de todo este “background”
terrorista, no debemos olvidar que Bin Laden no se hizo
responsable del atentado del 11 de septiembre en un principio,
solo afirmó, más tarde del incidente en New
Cork y el Pentágono, que simpatizaba con aquel acto
terrorista, ya que los Estados Unidos se lo merecía.
Si no fue Bin Laden, ¿quién fue? Lo cierto
es que al señalar a Bin Laden como el autor de los
atentados —su “currículum” lo permite
fácilmente—, se han puesto en juego muchas
fichas sobre el tablero. Resulta intrigante ver cómo
el terrorista saudita llama a una “Guerra Santa”,
invocando a los fieles islámicos a inmolarse en combate
contra la nación más poderosa del mundo. El
discurso, es más hábil de lo que parece. Bin
Laden no escatimó en apoyar la causa palestina, un
gesto por demás provocador teniendo en cuenta el
foco de tensión que existe entre Israel —a
quien acusa de estar “casada” con Estados Unidos—
y la autoridad Palestina.
Meditando en esta información,
resulta desconcertante que el 4 de julio del 2001, dos meses
y una semana antes de los atentados, Osama Bin Laden fue
atendido en el hospital norteamericano de Abu Dabi (Emiratos
Árabes Unidos). Esta información fue confrontada
por el periodista Alexandre Richard del diario Le Figaro.
Por si fuera poco, mientras Bin Laden estuvo hospitalizado
recibió la visita de Larry Mitchel, agente de la
CIA. Ello ocurrió el 12 de julio. Bajo la lupa, estos
hechos sugieren una presunta conspiración que une
a Bin Laden y la agencia de inteligencia norteamericana
en un plan secreto, para algunos, de control mundial, y
el punto de partida sería una justificada intervención
bélica en Oriente Medio.
Siguiendo el hilo del
párrafo anterior, resulta sospechoso cómo
todos los políticos norteamericanos que se han involucrado
en el conflicto de Oriente Medio son miembros de una organización
cuya sede en Manhattan es considerada por expertos en criptología
como una de las oficinas centrales del Consejo de Relaciones
Exteriores (CFR), uno de los “tentáculos”
de poder para hacerse del control mundial. Esto parece un
delirio, pero lo cierto es que muchos personajes de la escena
política norteamericana, como Henry Kissinger, desfilan
por la lista conocida de miembros. Un nombre que también
hallamos en los documentos, y que no podemos pasar por alto,
es el de Henry Seigman, presidente del Congreso Judío
Americano, que ejerce una influencia muy respetable en Israel.
La relación entre Israel y el foco de tensión en Afganistán está entroncada con disputas ideológicas y de territorio. Desde el conflicto de Pakistán y la India por Cachemira —ambos con armas atómicas e involucrados de forma indirecta en las recientes operaciones militares— y las peligrosas armas químicas de Irak, posiblemente el siguiente objetivo de los bombardeos, y la propia Intifada Israelí-Palestina, se puede pensar que con todo este panorama se pretende encender la mecha del polvorín. Si ello ocurriese, Estados Unidos intervendría con una fuerza de coalición para establecer el orden y sin lugar a dudas dictar nuevas normas de desarrollo. ¿Será el inicio del supuesto Nuevo Orden Mundial? Con el papel de víctima terrorista luego del atentado del 11 de septiembre, Estados Unidos se ha visto respaldado por diversas naciones del mundo para iniciar lo que ellos denominan “Operación Libertad Infinita”. Recordemos tan sólo las detonantes palabras del secretario de estado, Colin Powell, al afirmar que podrían “desaparecer países y aparecer otros...”
Volviendo a los incidentes del 11-S, para muchos analistas es difícil de creer que Estados Unidos haya sido tomado indefenso. Entre el primer vuelo que se estrella en una de las Torres Gemelas y el segundo impacto transcurren 18 minutos. Conociendo de antemano la tecnología satelital que posee Estados Unidos, y que puede penetrar la estructura de una casa, fotografiar nuestro cabello, e incluso verificar si tenemos caspa, ¿cómo es posible que no se haya detectado a tiempo el atentado? ¿Un nuevo Pearl Harbor para incursionar en otra “guerra”? Para estremecernos un poco más, una versión que circula en estos momentos, sostiene que invisibles llamadas telefónicas habrían alertado a ciertos trabajadores del World Trade Center de los atentados. Obviamente, quienes fueron avisados, no asistieron a sus labores aquel día.
¿Cómo es posible que el controvertido juego “Illuminati”, creado en Estados Unidos en 1996, haya descrito los atentados del 11-S? |
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El impacto en el Pentágono
no se queda atrás. Hasta el momento no hay ningún
testigo que haya reportado un boeing estrellándose
en el símbolo militar de Norteamérica. Sin
embargo, los controladores de Dulles captaron en sus pantallas
un eco de radar que correspondía más bien
a un objeto pequeño y de gran maniobrabilidad, como
si se tratase de un misil…
A estas alturas, es
difícil precisar ante qué nos encontramos.
Sin embargo, los indicios son numerosos, y los hechos desconcertantes
acentuados. Hay algo que no sabemos. Y quizá solo
el tiempo, tarde o temprano, nos permitirá desvelar
este misterio que hoy compromete la estabilidad del planeta.No dejemos de mirar con atención todo cuanto ocurra en Oriente Medio y el mundo.
*Este artículo, revisado y corregido, fue publicado originalmente en octubre del 2001 (Enlace Cósmico 24).
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